El bullying no es un juego

La cuestión del acoso escolar, o como place llamarlo bullying, sigue siendo tratado como una menudencia tanto por la mayoría de centros escolares como  por las autoridades educativas. A pesar de que según cifras facilitadas por la OMS –y la ONU- llegan a 200 mil suicidios de adolescentes al año por este motivo en Europa. Obviamente, los números se prestan a distintas perspectivas según los presentemos, pero no olvidemos que tras cada uno de ellos hay un nombre y un apellido de un crío que se abría camino en la vida y que se ha visto incapacitado por un fenómeno que cada vez adquiere más virulencia. Se sabe que el 50% de los suicidios de adolescentes y jóvenes están relacionados con esta causa, siendo en la actualidad en España el suicidio la primera causa de muerte no natural –doblando los accidentes de tráfico-

Debería ser pues, el momento de tomarnos en serio un comportamiento cuyas consecuencias superan lo que denominaríamos una broma o simple juego. Los actos de acoso se realizan de forma reiterada con un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de expresar el poder y el dominio del maltratador y cuyas consecuencias son la desestabilización  psíquica extrema del acosado.  Ya sea una persecución cara a cara, o virtual siempre es real. Rehúyo la distinción entre virtual o real, porque la intensidad y el efecto interactivo que tienen, entre lo que se realiza a través de la red y lo que ocurre fuera de ella, es exactamente igual de real. Es más, creo que el acoso tiene su eficacia si altera la vida de la persona, por lo cual las acciones vía internet tienen su repercusión de la misma manera que las bofetadas a la salida del instituto.

Si parece demostrado que el daño que sufren las víctimas puede llevar a unas al suicidio, otras a la sociopatía –recordemos la ballesta de Max- y otras anónimamente a una vida solitaria y con dificultades de confiar en nadie, ¿Por qué no se toman medidas equitativas con los agresores? ¿Es más grave robar en un supermercado que desgraciarle la vida a una persona o ponerla al borde del suicidio?

Las leyes que regulan las actividades delictivas de los menores están se supone orientadas a la reeducación de estos con la perspectiva de que en su mayoría de edad puedan incorporarse como ciudadanos responsables a la sociedad. Existen fórmulas diversas previstas para hacer “cumplir condena” a un menor siempre con la voluntad de reorientarlo. Los acosadores, y por tanto el acoso debería estar considerado como un delito que fuera juzgado de la misma manera que lo está el robo de una moto o de un coche, por añadir dos ejemplos más. Si los chavales que someten a otros a tortura se vieran obligados a someterse a un seguimiento psicológico o psiquiátrico y a un trabajo social compensatorio con internamiento o no, según la gravedad del acoso, tal vez contribuiríamos a que estos “valientes” desequilibrados lograran controlarse por sí mismos. Los que no fuese así es que realmente necesitan el tratamiento que se les obliga a hacer judicialmente, lo cual los beneficia a ellos y a la sociedad.

Sé las dificultades que presenta dirimir el grado de acoso entre adolescentes y qué actos constituyen acoso y cuáles no. Pero de la misma manera imperfecta, pero disuasoria, de la que nos armamos para luchar contra el acoso laboral y el sexual, debemos intentar recurrir a medios algo más contundentes que la expulsión por un par de días del instituto y cuenta saldada.  Aunque su víctima se acabe suicidando. Cuando esto ya ha sucedido se inicia una investigación policial, pero tarde en cualquier caso para evitar el mal mayor. Sería quizás responsabilidad de los padres con el apoyo del colegio y la consejería correspondiente presentar la denuncia para disuadir a los menores infractores de sus conductas. La investigación judicial determinará o no  la responsabilidad de los supuestos agresores y las medidas que deben adoptarse. Acaso, que sean estos, si así lo desea la víctima, los que sean distribuidos por separado en otros centros.

En resumen, no podemos dejar de trabajar en la prevención del acoso escolar, pero siendo un hecho que la virulencia de este fenómeno avanza más rápido que nuestra habilidad de educar, se hace necesario incidir también sobre los hechos que suceden para evitar el mayor daño posible a las víctimas y la atención a los agresores cuya agresividad debe ser también reparada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s