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Ante la muerte de Dios solo cabe la reacción pasiva y decadente de los que creyeron en él, esos velaron la caída de la Ficción. El resto debía activamente proclamar la posibilidad de la Vida sin más allá, ni lenitivos edulcorantes. ¿Qué hicieron? Acaso aprovechar por su voluntad de poder la fragilidad ajena e imponer el relato del consumo como la nueva idolatría.