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Llamaste en el trasiego de una turbulenta y desvencijada mañana. Respondí, pero absolutamente ausente en tu presencia, a bocajarro. Supiste encajar el golpe de los que demandan y se les niega, sin decirles no, que es la forma más elegante y cínica. Acaso no acudas más, o ya sea desaconsejado, el tempo no es una decisión sino un acontecimiento interno. Lamento la carencia que me convirtió en una figura ausente. Mi cuerpo sigue aquí, yo no puede garantizar nada.