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Casi peco de asombro, siendo tu madre, por la edad que te culmina hoy. Acaso porque aún me evoca tu presencia esa melosa sonrisa que invertía el meollo vital ¿qué hay de problemático en existir? Tenías la virtud de transformar lo crítico en accesorio y recrearlo con un resplandor  inusitado. O, acaso porque hoy, siendo quien eres, desafías a la vida en tu afán de resolver lo problemático y derrochas coraje –aunque también llanto de rabia- honradez y valentía.

Por eso soy culpable de adularte. De sentir pasión por una hija luchadora que deberá, como todos, no errar el objetivo por el que batalla.

Los diecisiete años conquistados y vividos con intensidad te otorgan la posibilidad de decidir, sobre todo, entre aquello a lo que no estás dispuesta. Te ha tocado una época en la que nos afirmamos negando lo que no nos pertenece, como si la lógica de la negación fuera la expresión más diáfana.

Felicidades por ser tú, melosa y electrizante sonrisa del alma.