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Existen individuos cuyos comportamientos parecen indicar que quieren y necesitan un “papa Estado” que los vigile y los proteja. Como el grupo de jóvenes –desconozco la nacionalidad- que se abalanzaba  hacia el límite del andén en un juego absurdo que consistía en haber quién sube antes al tren. Los que allí nos encontrábamos no teníamos ningunas ganes de presenciar una tragedia sangrienta por la cabeza llena de gusanos de algunos. Gracias al Estado protector, había un par de “mossos d’esquadra”, que se han interpuesto en el momento oportuno exigiendo a los descerebrado que retrocedieran posiciones ya que su conducta era peligrosa. Sí, eso que antes hacían papá y mamá, y que ahora pues le toca con algunos hacerlo a la madre patria.

Tras la rabia y la indignación, porque estos inmaduros son los que luego llevan a las instituciones a legitimar su incursión en la vida privada hasta límites insospechados, se me antojó que, a individuos de tal calaña, absolutamente irracionales y que puede provocar daño publico fruto de su irresponsabilidad, les negaría la mayoría de edad y los dejaría tutelados por el estado. Si no son  responsables para respetar con su conducta la integridad física de los otros, que no tengan los derechos de un adulto para lo cual se exige responsabilidad.

Tal vez sería más eficaz  que se vieran por un tiempo privados de abrir una cuenta bancaria, de carnet de conducir y de todo aquello que exige en la sociedad la mayoría de edad por supuesta capacidad de autorresponsabilidad y corresponsabilidad, que verse multados por faltas que no delitos y advertidos por escándalo público que no sirve de nada. Sobre todo teniendo en cuenta que las consecuencias de sus actos podían haber sido terribles para un número incierto de personas. Pero, pobrecitos, eran turistas traen dinero al país, no llevaban drogas ni alcohol y acataron las órdenes policiales. Otros acaso hubieran sido acusados de vandalismo y atentado contra la autoridad, alno entender por qué la policía debía decir en qué línea del andén debían colocarse. Chicos rebeldes y de vuelta de todo que solo buscan increpar por increpar, sin ningún discurso. Aunque la ley mordaza esté pensada, en parte, en ellos.

Nada nuevo en el horizonte. Calla y serás de los nuestros, habla y se desviara el camino que desde la tentación podíamos haber trazado juntos.