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“La idea del Eterno Retorno solo puede captarla plenamente quien padece varias enfermedades crónicas, por tanto recurrentes, y tiene así la ventaja de ir de recaída en recaída, con toda la reflexión filosófica que ello implica”

Cioran, Desgarradura.Ed.Austral.pg.91.

Bendita “ventaja” capta Cioran en lo recurrente de las recaídas por enfermedad crónica, para entender aquello que Nietzsche debió experimentar en el eterno retorno de sus propias recaídas por su enfermedad neurológica.

Hallar una imagen que de forma plástica ilustre el ir y venir continuo de esa lucha y afirmación de la vida, ese sí incondicional en pleno dolor, aun sabiendo que retorna por siempre, es una intuición nada menospreciable del escritor rumano.

Ese sí es el poder hecho voluntad que es vida, el único capaz de un sí a pesar del dolor recurrente y del mayor dolor que no es otro que el nihilismo al que nos ha abocado la cultura occidental. Por eso, quien tiene Fortaleza de voluntad supera ese nihilismo vacío en el que se quedó el propio Cioran y se convierte en el nuevo creador de valores y sentido, teniendo como único fundamento un sí incondicional a la vida.

El pesimismo nihilista nunca es nietzscheano, porque el “profeta” alemán nunca cedió ni asumió derrota alguna. Es el hombre, como Cioran tal vez, que muere con Dios, para dar paso a algo que se sitúa más allá del hombre: superhombre-transhombre,…porque el hombre no puede querer el eterno retorno de todo lo acontecido, no es humano. Así superar el nihilismo al que lleva el humanismo exige situarse en una época posthumana.

Pero, ¿si somos humanos como superar nuestra condición? ¿No es ese reto otra aspiración de tinte humano del que no tenemos más que anhelos de los que nos puede aportar? Quizás el eterno retorno no sea más que la metáfora del hombre en la búsqueda de un sentido que siempre le lleva a la casilla inicial.