El Mito de la juventud

Un comentario

Hay quien asegura sentirse joven a los cincuenta. Esta idea puede resultar atractiva si estamos imbuidos de las idolatrías actuales. Haciendo una simplificación algo burda: la juventud como estado vital de plenitud, en el que el éxito social está garantizado si, además de joven, eres guapo.

Idolatrar implica someterse a  lo idolatrado, y actuar según el patrón marcado por el ídolo, sin capacidad de autocrítica. La sociedad actual venera la juventud porque es el mayor sujeto y objeto de consumo. Es el consumidor actual y futuro, y se consume para ser joven. Ahora bien, esto,  que es un secreto a voces, se presenta bajo múltiples formas que generan y fortalecen  la creencia en el ídolo. Acabamos convencidos de que ser joven y guapo produce felicidad. Esa falaz sensación de “estar bien”. Tal vez porque en la sociedad de la inmediatez, donde  parece que se consiguen las cosas sin esfuerzo, donde la vacuidad es un mecanismo de defensa, y donde pasar por la vida tocando el placer y andando de puntillas por el displacer es la habilidad más adaptativa, hemos reducido la ética a la estética, y  en consecuencia, divinizamos lo bello que a su vez debe ser lo bueno, en lugar de ver que lo bueno es lo que necesariamente debe ser bello.

Hay quien dice sentirse joven a los cincuenta. Tal vez tuvo dificultades para incorporar la experiencia y no cree haber aprendido nada en la vida.  Uno de los mayores desatinos es querer ser lo que no se es, y no vivir plenamente lo que se es, porque ni fue joven, cuando lo era, ni es adulto cuando lo es….y se le pasa la vida en el esfuerzo de negarse a sí mismo, sin percatarse que cada etapa tiene su propia plenitud, y cada vez con más convicción sostengo que a mayor edad, mayor posibilidad de plenitud.

Quien se afana en ser lo que se impone externamente como un deber, vive en el “afuera” y muere simultáneamente en el “adentro”

Singular: 1 comentario en “El Mito de la juventud”

  1. Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
    de mí murmuran y exclaman:
    Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

    -Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
    mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
    con la eterna primavera de mi vida que se apaga
    y la perenne frescura de los campos y las almas,
    aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

    Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
    sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

    Rosalía de Castro

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