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Mientras unos descansan y otros siguen con lo único que pueden hacer, el mundo vuelve a ser planeado por el narcisismo dantesco de dos gobernantes que utilizan, o exponen su poder armamentístico, como si adelantaran las piezas en el tablero de los peones con los que cuentan para la definitivamente autodestructiva tercera guerra mundial. Y una se cuestiona, ¿y si dejáramos de obedecer todos a esos dementes que se creen estar jugando a soldaditos? A estas alturas la historia nos legitima.