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Es sintomática la dicotomía que ejerce el Estado neoliberal en la regulación de la economía neocapitalista encarnada por las grandes multinacionales, para que prevalezca el “bien común” y cómo se aplica para controlar la libertad de los ciudadanos en aras del mismo falaz principio superior. El doble rasero consiste en promover y respetar las reglas del juego de la economía de consumo y en limitar a los ciudadanos para que sus conductas sean susceptibles de someterse por “voluntad” a desear lo que esa sociedad del lucro y el confort les propone.

Un ejemplo lo tenemos recientemente en la multa que el Estado británico ha impuesto a unos padres por aprovechar sus días de vacaciones, que eran días lectivos en la escuela, y ausentarse con su hija de seis años una semana para realizar un viaje. Prescindo del lugar al que se dirigieron porque no considero que el Estado tenga potestad para decidir dónde debemos llevar de vacaciones a nuestros hijos, por lo tanto creo que el lugar es lo de menos –dando por descontado que no se la llevaban de turismo sexual, sino estaríamos hablando de otra cuestión- Me escandaliza y me aterra que una niña de seis años no pueda faltar al colegio una semana para compartir un viaje familiar cuando sus padres disponen de vacaciones, porque si su aprendizaje depende de una semana en la que va a disfrutar de la familia, algo falla. Además, considero que la decisión está y debe estar en manos paternas, porque si no estamos obligando a las familias a desprenderse de la responsabilidad de sus hijos, interfiriendo en aspectos que son familiares. No solo debemos respetar la potestad que tienen sino estimular aquella de la que a veces dimite. Eso no implica que las decisiones se valoren como adecuadas desde la escuela u otras instituciones, pero ese será un trabajo y un diálogo a mantener con los padres.

Podemos encontrar múltiples hechos en los que se evidencia el excesivo control que el Estado ejerce sobre los ciudadanos. Aunque a veces se ha calibrado como sutil por inadvertido, entiendo que empieza a ser ostensible y algo asfixiante. La sensación de libertad puede ser vivida como un engaño en el que no debemos caer.

La libertad vigilada es el señuelo de los que no perciben el control.