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“La muerte es un estado de perfección, el único al alcance de un mortal”.

Sugerente observación de Cioran que puede ser aplicada tomando como perspectiva cualquier atributo. Pongamos, por caso, que la vida sea el estado de perfección, el único al alcance de los vivos. Siendo ambas aseveraciones creíbles, en cuanto la máxima aspiración de un mortal debe ser la muerte y la de un ser vivo, la vida, ¿qué obtenemos cuándo un ser es vivo y mortal? Quizás un ser con dos aspiraciones contradictorias, ya que realizar una, niega la realización de la otra. Tenemos, pues, un ser que no puede realizarse plenamente, pero que paradójicamente sino fuera ser vivo, nunca podría realizar su mortalidad, así que ser vivo es condición necesaria y suficiente para alcanzar la mortalidad. O sintetizando, la muerte es un estado de perfección, tan solo alcanzable por un ser vivo. Ocurra, tal vez, que si la relación entre el ser y las cualidades sea atributiva exista esta transitividad entre unas y otras, con lo que la plenitud del ser en un aspecto esencial, implicará la plenitud en otros también esenciales.