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Hay un libro del que solo he iniciado su lectura “Tú no eres como otras madres” cuyo título –y presentación en la contraportada- se me muestra especialmente sugerente. La autora, Angelika Schrobsdorff, recrea la biografía de su madre, una mujer perteneciente a una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de prejuicios y que desea casarse por amor con un artista.

En la antesala de la celebración del denominado día de la madre, me cuestiono si el título mencionado es un elogio o un reproche. En el caso de la obra de Schrobsdorff me atrevo a aventurar que es todo un homenaje y una expresión de admiración, seguramente no exenta de juicio ni equidad. Así, podría leerse, en otros casos, en los labios de muchos hijos que mirando sin tapujos la mirada ya agotada de sus madres les conceden el reconocimiento de ser únicas, aquellas cuyo lazo los ata a la vida para siempre.

Aunque cabe otra alternativa, la esquiva mirada dolorida y rencorosa que musita machaconamente y sin quererlo “tú no eres como otras madres”, con el trasfondo de una carencia infinita, que los ha despojado casi de criterio que les permita intuir cómo es una madre.

Con esa ambivalente sanción se puede “celebrar” un día forzado que tal vez esté llamado a desaparecer –junto con su homólogo el del padre- para dejar a la espontaneidad y el deseo de quien considere merecido el homenaje a quienes nos traen al mundo, pero no siempre nos dan vida.