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Un olor a mantequilla agria se esparce desde la nevera al abrirla, que junto al poco pan duro, que intenta tostar en el fuego, conforman un tentempié que puede ser indefinido. Ropa algo acartonada que vuelve a cubrir su cuerpo, zapatos rigurosamente reforzados haga el tiempo que haga. Y una bandolera con su documentación y algo de dinero le bastan para acometer su tedioso día. Pedir mucho para conseguir lo poco que le van a dar, pero suficiente para substituir el mendrugo de pan y con suerte algún día la mantequilla. No desea nada más, se quedó sin capacidad de querer ni voluntad. Solo aguarda el final, paciente pero con cierta impaciencia, así mucho no puede tardar.

Es un mendigo no de la vida sino de la muerte, ávido de no ser nada más.