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Te resguardas con más asiduidad en tu lecho, tu aliado y confidente. Él no guarda reproches oxidados, antes bien, es compasivo y ensalza la injusticia con la que te trató la vida. Fuera de él, el espejo de tu propia indiferencia y tu frialdad que ahora son las manos que te cuidan. Pero, a diferencia de ti lo hacen con dolor y rabia como reacción a tu expresión hierática y orgullosa de merecer todo y no deber nada. Esta situación retroalimenta tu sentido de mártir que será recompensada en los cielos. Ese es nuestro alivio.