Respirar

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Vives porque respiras. Viendo lo obvio, decides vivir –dando por supuesta la respiración- desplegando esas capacidades que te otorga la propia autoconciencia. Observas, analizas, valoras y obtienes opiniones sobre el mundo –el yo y la alteridad- a partir de las cuales surge la motivación para realizar algunas actuaciones. Pero, frente a ti otros no olvidan que vives porque respiras, que eres impulsiva, inestable y que quizás lo que te propones no es relevante. Acaso, sea una legitimación de su pasividad cuando el mundo circundante exige actuar. O, ciertamente, no sea más que una pulsión desbocada que pretende evacuarse en actos posibilistas.

No obstante, a quien carece de motivos casi para respirar tal vez no se le deban cortar las alas.

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