Dignidad

La dignidad como persona no debe ser arrebatada nunca. Excepto, claro está, cuando es el propio individuo quien mediante su decir y hacer la va perdiendo por el camino. Aquí, no habría usurpación de la dignidad, sino pérdida de la misma por impostor, farsante, y no merecedor de la consideración que niega a los otros.

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