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Regresamos. Alineados por una lamparita que diseña el límite preciso del lugar apropiado de cada uno. Y el reto se reanuda: cómo frecuentar ámbitos comunes desde lenguajes –y toda la carga empírica que conllevan- que progresivamente se asemejan a códigos idénticos formalmente, pero tan dispares lexicalmente, que toda comprensión parece un hito fallido.