Qué desgaste de vida, este de sentir y modificar lo sentido por un exceso de sensibilidad con inercia nihilista, que metamorfosea los hechos desnaturalizando la intención de las acciones que los anteceden y los preceden. Para, un tiempo después, con más conocimiento de sus causas despertar de un delirio que culpabiliza, por exigente, desconfiado y casi terrorista.