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Decir que eres invisible para manifestar la insignificancia de tu ser y estar con los otros, siempre es una metáfora elegante pero dolorosa. Sin embargo, que en un acto ritual todos reciban a la par, menos uno, puede resultar sin necesidad retórica un gesto de ninguneo. Quizás involuntario, un descuido, pero si tras eso se prolonga un silencio que lo encubre quien ya se sentía invisible pase a considerarse prescindible, nada significativo…o ¿acaso un semidiós?