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Se van reduciendo subrepticiamente los espacios en los que poder expresarnos. Todo decir nos compromete ante la presencia ajena de la que desconocemos su parecer y su proceder. Nos sentimos encapsulados, de facto, en un milimétrico ámbito de dicción y acción. Aunque todo puede ser una gran pesadilla hurgada por nuestra paranoica sensibilidad y aquí, se vive bien, en realidad.