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La TABARNIA de Platón: abducidos que solo ven sombras dentro de una caverna y confunden lo aparente con lo real.  Creen que lo real son las figuritas que los artesanos –que se lo han currado- proyectan en la pared de la tabarnia- Pero uno de ellos, con coraje y valentía empieza a pensar por sí mismo (cosa difícil en el monolítico relato de sombras) y empieza a animar a los otros a acercarse al punto de luz que indica la salida de la tabarnia. Después de un camino arduo, escarpado, repleto de insultos  -¡fachas!- salen del agujero y sienten fulgores en los ojos. Conforme se va habituando la vista, o el ojo del alma, y van viendo con más claridad, perciben el tinglado que tienen montado unos y otros y traicionando el mito platónico huyen despavoridos a una isla desierta, como su elevada inteligencia les informa de que no hay lugar en la tierra para los que han visto la “verdad”. Pobres tabarnianos desgraciados con vicio.