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Cuando nos tienta el sabor de tocar la nata de la vida, para no ir dando rodeos temerosos, podemos abandonar todo quehacer y rebuscar ahí donde creemos que se hallan las respuestas. Corremos el riesgo de confundir el camino, al tomar esa sustancia dulce comuna vía única directa. Pero, para bien o para mal, solo la experiencia puede convencernos  de habernos dejado seducir  por cantos de sirena.