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Si la  voluntad de un pueblo de ser solo puede legitimarse por lo que ha sido, quizás estimulemos las miradas sesgadas de la historia. En consecuencia atendamos a lo que un pueblo manifiesta hoy, pero ¡cuidado! No la mitad de éste que ha impuesto su ideología por artimañas manipuladoras para aumentar sus seguidores, hasta el punto de haber fracturado la convivencia social. Porque al haber actuado así, se ha desvirtuado la misma voluntad del pueblo, se ha faltado al principio básico de la democracia que de esta forma se ha vuelto impracticable en estas condiciones.

Porque la voluntad del pueblo es soberana nadie puede apropiarse de ella, ni ostensiblemente ni sutil y manipuladoramente, porque la invalidamos como auténtica voluntad.