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Si exhortamos, a todo el que ose, a lidiar con las figuras más monstruosas que cobijamos, debe ser a fin de combatir ese fondo diabólico que nos sujeta, en potencia, a transformarnos en aspectos del mal descarnado. Cualquier otro fin carece de sentido, excepto que alguien desee retozar en el lecho con el maligno.