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Ante la inquietud de una espera tal vez sin resultado, se arremolina la neblina del vapor imaginario de espectros malignos y el empecinamiento voluntario de expulsarlos de cuajo.  Mas, ¿por qué hace aguardar quien conoce el abismo que genera? ¿Es una prueba de lealtad? ¿Una imposibilidad? O  acaso ¿La espera sea en sí misma un constructo irreal y nadie se siente anhelado y deba responder en consecuencia a expectativa alguna?