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La traición se produce tras una demanda de lealtad sacrificada; pero si esa supuesta lealtad surge del imaginario del sujeto sin el reconocimiento de los otros se sentirá en algún momento traicionado, cuando de facto no hay traición sino usurpación de un liderazgo de manera ilegítima. A pesar de ello el supuesto traicionado se sentirá tratado como un peaje cosificado que ya nadie considera necesario. La causa una megalomanía creciente que deriva en paranoia. Cuídese Sr. Puigdemont.