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Estrictamente hablando pudiera no haber “fracasos”. Si analizáramos la aparente dejadez o pasividad de quien no lucha por algo, encontraríamos razones relativas al querer, al poder, al miedo, al sentimiento de inferioridad que justificarían muchas de esas aparentes faltas de esfuerzo y tesón que acabamos coronando como fracasos.