Etiquetas

, , ,

 

Llega a mis manos, a través de las redes sociales una fotografía –que no reproduzco por desconocer su fiabilidad en cuanto a su origen- de una niña de entre tres o cuatro años que abraza protegiendo a su muñeca y tapándole los ojos como evitando que sea testigo ocular de lo que está aconteciendo en ese momento. La instantánea eriza la piel y socava el corazón. Acude a tu mente la noción de mimetismo y por tanto de cuántas veces sus padres habrán cubierto sus ojos antes escenas espeluznantes que ella ahora oculta a su pequeña muñeca.

Finalmente, lo de menos es la procedencia de la fotografía porque ¡podría haber sido tomada en tantos lugares! Lo que debemos plantearnos insaciablemente es cómo en el S.XXI, después de la II guerra mundial, estamos entre todos permitiendo que haya millones de niños que podrían ser los protagonistas de esta imagen. Construir museos sobre atrocidades del pasado para que no vuelva a pasar es el mayor cinismo de nuestro tiempo, ya que obviamente los hechos no son copias repetitivas, pero los acontecimientos son sustancialmente los mismos; diría que más extendidos, más conocidos y contemplados con mayor pasividad y “normalidad”. ¡Qué horror!