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La muerte nos acoge, a veces lentamente, sin excepción en la más cruel de las soledades conocidas. Y poco sabemos de ese tiempo en que nuestro cuerpo se ha entregado a la desintegración plena, y nuestra mente con la conciencia clara se apercibe de ese desconocido, y por ello temido, final. Ya no cabe la alteridad, más que la negra parca y yo, en un encuentro que recrudece al máximo la soledad. Es lo único que todos haremos y que nadie puede hacer por nosotros, morir.