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Cuando “pagan justos por pecadores” se difuminan los límites entre el bien y el mal, pero acaso sirva tal despropósito para replantearnos los problemas éticos desde una perspectiva diferente: la cuestión sobre lo bueno y lo malo no se resuelve con criterios absolutos desarraigados del contexto, ni además su identificación y práctica  tiene que ver con méritos, ni recompensas. La opción por lo ético es otro salto al vacío propio del ser humano.