Etiquetas

, ,

Nuestros mayores se forjaron en un contexto de represión dictatorial, cargando con la herencia de una guerra que no se zanjó por pactos ni contrapartidas. Crecieron en las cenizas de los vencidos, acatando la voluntad de los vencedores. Y ese humus les fortaleció en la lucha durante la denominada transición democrática. Por eso hoy, curtidos en el afán de intentar lo imposible, salen masivamente a las calles para exigir el respeto de su dignidad y el reconocimiento de su esfuerzo, que no se salda con limosnas, ni migajas. Tienen el derecho de vivir como ciudadanos que han cultivado y nutrido con su vida el asfalto que todos pisamos. Y para vergüenza de algunos que los desoyen, aún poseen la capacidad de reclamar no solo su asignación justa, sino una política de altas miras que prevea un futuro para los jóvenes que crecen, no en las cenizas de una guerra, sino en el desfalco inhumano del injusto reparto de la riqueza, quizás el más desequilibrado que se recuerda.