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La aparente calma se perturba súbitamente por las náuseas que derivan en la excreción de una sierpe  bucal, como si de residuos se tratase. Lo cual indica que ya no hay digestión posible de lo ingerido, ni en tal caso metabolización que depure lo aprovechable de los deshechos. El ofidio no es más que el todo putrefacto que con su veneno ha aniquilado cualquier indicio de salud. Vuelven a volar tijeras y cuchillos como saetas dirigidas a una diana elegida. Duró muy poco ese transcurrir sosegado que se aventuraba a consecuencia de lo acontecido, fue probablemente un espejismo ansiado.