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A consecuencia de la denominada crisis económica, los sindicatos se han revelado como transparentes herramientas del poder político-económico, vendiendo los derechos laborales y sociales tan duramente conquistados. El paro, la precariedad laboral y las pensiones son hoy reivindicaciones de colectivos cívicos concienciados de la inminente necesidad de prescindir de las representaciones y actuar masiva y directamente, en primera persona, para recuperar los derechos inculcados.

Este primero de mayor debería ser rigurosamente de los ciudadanos, prescindiendo de quien dice representar hipócritamente los intereses que traicionan.

Un día para la reconquista de todos los derechos sociales y políticos, en el que sumando fuerzas se reivindique un giro copernicano en la gestión de los recursos de un sistema viciado, que por inercia favorece a los poderosos y tiende a minimizar y someter cualquier reclamación que ponga en peligro la pervivencia de este injusto modo de no-vida.

Nos merecemos un día del trabajo para la historia, solo depende de nosotros.