En los  aledaños de la insensibilidad se han instalado efigies de mármol, que en su naturaleza de imagen representan el frío cálculo de quienes abordan los asuntos humanos con rigidez normativa. Sin posibilidad, por epidérmicos, de interpretar el espíritu de las leyes –como destacaba Montesquieu- aplicándolas mecánicamente como robots avanzados (¿?).

Así, parece que el hombre esté hecho para la ley, y no como rezan los textos bíblicos, la ley para el hombre.