Apunte sobre la voluntad en Schopenhauer

“Afortunado aquel que conserva un deseo y una aspiración porque podrá seguir pasando del deseo a la realización y de ahí a otro deseo, y cuando ese tránsito es rápido aporta felicidad, desgracia cuando es lento. Por lo menos no se sumirá en un estancamiento espantoso, paralizante, un deseo sordo determinado, un abatimiento moral”

Schopenhauer, complementos al Libro segundo de “El mundo como voluntad y representación”, capítulo 28. Traducción del francés de M.Houellebecq.

Este fragmento del pensador alemán, descontextualizado, podría llevarnos a entender la existencia, con sentido, como una sucesión de anhelos y satisfacciones, sean de la naturaleza que sean. Pero este tránsito solo opera como una voluntad que dota de significado el vivir, si previamente hemos distinguido que ésta –la voluntad- es existencia dinámica de querer y, por otra parte, es la que nos permite representarnos el mundo como algo neutro y objetivo, y por ende susceptible de reconstrucción estética, entendiendo aquí lo estético como lo intuido éticamente –en cuanto lo en sí es neutro, inocente y puramente en sí- De esta forma la cosa y su representación son lo mismo para el hombre que solo debe entender su propia vida como representación, como el devenir de la voluntad subjetiva.

Ahora bien, a mi entender, si dotamos a la voluntad de ésta trascendencia, deberíamos poseer alguna certeza de que no hay voluntad hueca o vacía, sin objeto, porque entonces la naturaleza misma quedaría petrificada e inerte. La objeción surge cuando constatamos que no toda voluntad es de facto tendencia a un fin u objeto. Precisamente,  si las filosofías nihilistas y del absurdo han prosperado en el mundo actual es porque los sujetos, huérfanos de un auténtico querer, es decir carentes de un sentido vital, se diluyen en deseos banales y pasajeros que le proporciona la sociedad de consumo como ese fin que sería deseable tener, pero se resiste en un mundo desconcertante, injusto y sin propósito.

A veces, intuyo que la filosofía no afronta con todo el coraje, que sería exigible, la cuestión del sentido porque los filósofos son principalmente los que desesperadamente construyen un supuesto significado a una existencia mínima o no más trascendente que la de otro animal.

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