¿Todo lo diferente es diversidad?

El lenguaje mediante el que construimos nuestra percepción del mundo nunca  es neutro. Y no entraré en la cuestión complejísima sobre la relación pensamiento-lenguaje, sino que me limitaré a partir de la premisa de que su imbricación es de tal calibre que lo que no cabe es disociarlos.

Partiendo de este supuesto, creo que bastante admitido, ahondaré en cómo a través del lenguaje vamos reconvirtiendo la visión de la realidad en lo que la sensibilidad social –gestada por los poderes fácticos- puede asumir como tolerable o “políticamente correcto”.

Así, el uso de eufemismos es una característica de nuestra época en que  en la cultura occidental se ha hecho rentable suavizar la crudeza de hechos que vivimos  por prejuicios añejos. De esta forma, a la vejez que no es más que una etapa de la vida ineludible –y muchos aspiran a llegar a ella- la denominamos tercera edad, para los “discapacitados” físicos y mentales parece que no alcanzamos a hallar un eufemismo suficientemente leve para referirnos, y van modificándose las formas de denominación en la búsqueda de un término que no los estigmatice, lo cual es absolutamente deseable, pero tan líquido -ahora que esta serie de términos se usan frecuentemente para caracterizar a nuestra sociedad- que se tiende últimamente a considerarlos parte de la diversidad social e individual a la que no se hace justicia con nombres que los expulsen de la normalidad.

Tan solo querría hacer la reflexión que el concepto de diversidad aplicado a según qué situaciones debería comportar un trato normalizado de todo cuanto se ubica en él. Pero la normalización, como bien sabemos, proviene de la expresión normalidad, es decir, que entra dentro de la norma. Estas homogeneizan a los individuos y facilitan la labor de las instituciones, que tienden a dar y aplicar los mismos criterios para todos. Esto es un riesgo para aquellos que viven situaciones diferenciadas de la mayoría –y fijaros que yo misma voy a tientas con las palabras que uso para no herir sensibilidades- porque si alguien padece disfunciones físicas, mentales o de cualquier tipo que se nos ocurra es porque no pueden subsumirse a lo normalizado, entendido como aquello a lo que puede ajustarse la mayoría. Y además sería un error forzar su encaje porque estaríamos negando su diferencia respecto de los otros. Estos individuos necesitan y merecen tratamientos terapéuticos y médicos que subsanen su disfunción, y para eso deben ser reconocidos como tales. Intentar obviar, para naturalizar su estar en el mundo, como un elemento más de la diversidad, puede ser un error terminológico que lleve a un trato desconsiderado y a un abandono de estas personas. Cabría recalcar que la diversidad incluye la pluralidad cultural y las visiones a veces más individualizadas del mundo, pero no podemos confundir ser diverso con padecer algún tipo de patología que exija de un trato particularizado. Sería como afirmar que los trastornos o enfermedades son exclusivamente constructos sociales dirigidos a aquellos que no se someten al sistema, y esto me resulta un eufemismo que tiende a externalizar el problema del sujeto como si únicamente fuera la sociedad la causa de esta situación.

Tampoco olvidemos que a menudo la abundancia de diversidad es una creación del propio sistema normalizador, que necesita que nos creamos diferentes y libres para acabar obedeciendo. No obstante ser diverso es ser diferente a otros, y estos a su vez en relación a otros. Pero esas diferencias no pueden ser licuadas cuando nos estamos refiriendo a personas que requieren un trato y una consideración adecuada a su trastorno u enfermedad.

Lo que debería ser combatida es la estigmatización y marginalidad de los que, para su mal, padecen disfunciones del tipo que sea. Pero esto no se combate negándolo y considerándolos una manifestación más de la diversidad, porque, a la postre, todo individuo por muy diversos que se muestre debe someterse a los entresijos del sistema si quiere sobrevivir. Los hay que no están dispuestos a ello, pero seamos conscientes que la cosa no acostumbra a acabar muy bien. ¿Deberíamos aunarnos y des-normalizarnos todos para reventar el sistema? Quizás sí, pero mientras lo meditamos creo que lo diverso es lo diferente que posee un grupo o una individualidad y algo distinto que no hay que negar, porque comportaría un perjuicio. La enfermedad es parte de la vida y que estos individuos necesitan que las circunstancias se adapten a ellos para que su vida sea lo más fluida posible. A menudo la estigmatización consiste en la negación de estas realidades, su expulsión del sistema y en consecuencia su abandono.

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