Desenlace

Hay arrebatos letales que nos degradan para yacer encapsulados en una guarida inaccesible. Solo desde ese resguardo nos es posible impostar lo que los otros desean que seamos, más allá de quien se amague tras esa pose confortante. No resplandece lo que mediocremente somos, sino la impostura que lo otro anhela vislumbrar. Agotados, por tanto, de simular o emular lo que se nos exige, seremos recompensados algún día con un plácido desenlace. Nacimos para no ser, sino para parecer y ese cometido es lo único admisible.

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