¿Son aun las enfermedades mentales un tabú social?

3 comentarios

El pasado viernes se emitió en Televisión Española, durante su conexión exclusiva en Catalunya, el programa semanal “Ara i aquí” –ahora y aquí- centrado en dilucidar si las enfermedades mentales continuaban siendo un tabú en nuestra sociedad.

Con una diversidad de perspectivas –entre las cuales faltaba un representante de las escuelas y el profesorado, a los que por otra parte se aludió-se abordaron cuestiones como: la conveniencia o no de los diagnósticos clínicos por las repercusiones que pueden tener en el paciente, las estrategias terapéuticas desde el uso de fármacos, distintas terapias –aunque no se concretó cómo se interviene, de facto- , la controvertida contención mecánica que aún se utiliza en casos extremos de crisis crítica de algunos pacientes,  el proceso de cronificación que de los individuos hace el sistema por intereses de las farmacéuticas, la hospitalización sin concretar, tampoco en esta ocasión, en el tipo de estrategias que se aplican en general –aparte de la consabida medicación- la encarcelación de pacientes que por su desajuste conductual están en prisión –llegándose a plantear que era más seguro que un centro psiquiátrico porque estaban más contenidos- y más cuestiones que me dejo en el tintero.

El tema, insisto,  es muy complejo y tal y como llegó a concluirse, exige la voluntad de atajar el problema desde diversos ámbitos de la administración, que van más allá del departamento de sanidad –asuntos y bienestar social, justicia, educación,..- Así es que, desde mi criterio subjetivo, desearía destacar algunas cuestiones que me parecen esenciales:

  • El tabú y el estigma social siguen vigentes de forma demoledora, y discrepo de que podamos situar en el mismo nivel los propios prejuicios del paciente, al respecto, que la exclusión y marginación que se produce de una persona cuando se tiene noticia de que padece un trastorno mental. Entiendo que la necesidad de ocultar esta enfermedad, y el padecimiento añadido del que lo sufre, se debe al estigma externo y social en mayor medida que sus propios miedos o enjuiciamientos. Muchos temen perder el puesto de trabajo, por un lado por las bajas que puedan necesitar en momentos determinados y porque además se desvele su secreto y se les catalogue de “locos” “desequilibrados” o “incapacitados”. Así, hay mucho camino que recorrer para facilitar la normalización de la vida de estas personas en la sociedad, como se hace con otras enfermedades sobre las que no recae este peso estigmatizador.
  • Los medios de comunicación contribuyen a menudo con la estigmatización, extendiendo prototipos y juicios de valor implícitos al respecto al presentarlas noticias que solo contribuyen a menoscabar la concepción que se va formando la opinión publica, realizando inducciones siempre falaces de lo que un individuoconcreto ha hecho, a la psobilidad de que cualquier sujeto con ese trastorno haga lomismo. Además con el agravante de atribuir sucesos agresivos a patologías que nada tienen que ver con esas conductas.
  • Las etiquetas diagnósticas no son más que referentes clínicos que pueden ayudar a los profesionales a orientar su comprensión de los pacientes. Ahora bien “cada persona es un mundo” y no hay enfermedades, sino enfermos, porque estos patrones se encarnan de forma propia en cada individuo. Si se pierde esto de vista, entiendo que las intervenciones terapéuticas pueden estar abocadas al fracaso: no todos los que sufren una esquizofrenia son iguales, ni los que padecen trastorno bipolar, o trastorno límite, o algunos de los múltiples trastornos registrados como categorías diagnósticas en el actual DMS-V. Por lo tanto, la intervención clínica debe ser personalizada y por ende considero que no podemos negarnos tajantemente al uso de fármacos, como al uso simultáneo y conjunto con terapias y fármacos, ni al uso exclusivamente de terapias. Es más, creo que no toda terapia es válida para todo sujeto aunque padezca el mismo trastorno que otra persona. Cada cual necesita una adecuación lo más ajustada posible a su peculiar manera de experimentar una determinada enfermedad.
  • Alegaría también que establecer universalizaciones sobre si “se curan” o no las enfermedades mentales es una ingenuidad o una forma de engañar que no contribuye a la eliminación del tabú ¿Se cura el cáncer? Depende de muchos factores, obviamente: se su nivel de desarrollo, de si hay metástasis o no, de la capacidad de lucha y actitud del paciente. Bien, pues, dejando claro de entrada que sería conveniente dejar de comparar enfermedades de una naturaleza muy diferente a otras, con los trastornos mentales diría que pasa igual: no es lo mismo el caso de Iniesta y de la depresión que supuestamente padeció tras la muerte súbita de su amigo de profesión Dani Jarque, que quien sufre un trastorno bipolar. Y quien quiera obviar estas diferencias entiendo que es un ignorante.
  • ¿Debe incapacitarse a un enfermo mental? Pues diría que depende de cada sujeto, de su biografía, de su contexto y situación y de las fuerzas y energías que sienta este, para poder enfrentarse a un mundo laboral que no tiene en cuenta las dificultades de los enfermos mentales, como sí se tiene en el caso de discapacitados físicos que se les busca y ajusta un trabajo que puedan realizar como cualquier otro pese a su discapacitación.
  • Entiendo que hay enfermedades mentales que son crónicas, como otras muchas, pero eso no significa en absoluto que uno se halle de forma continua en un estado de crisis álgida, sino que en la mayoría de los casos cuando el trastorno se estabiliza nadie es capaz de detectar nada, a no ser que el individuo lo comunique o comparta. El efecto denominado de cronificación por parte del sistema es cierto que puede darse por malas praxis médicas, falta de capacidad del paciente para luchar –no todo el mundo posee el mismo coraje y fortaleza- y tristemente porque a las multinacionales farmacéuticas les interesa que así sea y que además proliferen cada vez más casos –un ejemplo sería la controversia sobre la adecuación del TDAH como categoría diagnóstica.
  • La diversidad de enfermedades mentales exigen pues abordajes multidisciplinares y personalizados, recursos de los que la sanidad pública carece lamentablemente en este momento. Una visita al psicólogo mensual, o al psiquiatra cada dos o tres meses es un grado de atención muy insuficiente para los pacientes que no tienen más remedio que acudir a la sanidad pública y que lo hacen además cuando la situación ya es crítica.
  • Querría destacar el cambio de paradigma que se aplica respecto a determinadas situaciones críticas en las que el profesional en lugar de recibir al paciente en su despacho, interviene “in situ” aproximándose él, en colaboración con otros profesionales, a la persona que necesita la ayuda y bien o no es consciente o no es capaz ya ni de buscarla. Tal vez la intervención en muchas situaciones sobre todo en lo que respecta a la prevención debería ir orientada en este sentido, y que psicólogos y psiquiatras trabajen sobre el terreno introduciéndose en el contexto y entorno del paciente para ir afrontando con suma habilidad unas enfermedades que nunca han sido tratadas, o que se dan como tendencias o indicios en niños que tratados a tiempo pueden disponer de recursos y oportunidades impensables con otras estrategias.

En resumen, y dada la complejidad del problema, me queda por destacar la deficitaria conducción del programa por parte de un presentador más propio de “reality show” que de foros de debate y análisis serios, teniendo en cuenta que los que intervinieron desde diferentes perspectivas los hicieron con cautela, respeto y seriedad.

Plural: 3 comentarios en “¿Son aun las enfermedades mentales un tabú social?”

  1. Buenos días,
    Complejo es el problema y complejo es el artículo. Lo leí ayer y acabo de hacerlo de nuevo. No sé si tiene Vd. algún conocimiento de Medicina, pero da la sensación de que sí.
    Como ya he hablado de la complejidad de asunto y entrada, y no tengo tiempo de más, incido sólo en unos pocos aspectos:
    1.- Es cierto que el estigma prosigue, pero muy atenuado con respecto a cualquier tiempo pasado.
    2.- Estoy de acuerdo sobre el interés de la industria farmaceútica en cronificar la enfermedad para obtener el máximo beneficio.
    3.- También creo que no existen enfermedades, sino enfermos. Esto lo leí en un libro de Gregorio Marañón.
    4.- Pienso que sí hay relación entre ciertas dolencias psíquicas y determinados tipos de criminalidad. No digo que hayan de cargar con el sambenito todos los enfermos, pero es evidente que la hay.
    5.- Por último, aunque no vi ese programa emitido sólo para Catalunya, sí conozco otros cuyos presentadores son hombres o mujeres-espectáculo, completamente incapacitados para conducir una tertulia seria. No sé, debe ser lo que se lleva para que la teleaudiencia sea elevada.
    Saludos

    Me gusta

    1. He leído bastante sobre lapráctica actual del psicoanálisis y conozco elpensamiento de Freud. Eso me ha llevado posteriormente a leer sobre psicopatología, circunstancias de la vida.
      Estoy de acuerdo en lo que dice, pero hay un ejmplo paradigmático delo que intentaba transmitir respecto dela vinculación entre patologías mentales y delitos de sangre atroces, que se dio en el caso del piloto alemán que estrelló el avión con no recuerdo cuantospasajeros a bordo. Se difundió que padecía depresión, y se estableció esa concordancia de ignorantes. Posteriormente se descubrió que padeciaa una patología psicótica previa que le provocóladepresión,pero eso yano se difundió. La opinión pública se quedó con que una depresión puede llevar a una acción así,lo cual no es cierto….Eso tenía enmente, pero no lo cité porque no recuerdocon exactitud los datos,….Gracias de nuevoporleerme y comentar

      Le gusta a 1 persona

  2. Buenos días de nuevo,

    Hoy he podido regresar pronto a casa (creo que le dije que sólo tengo ordenador fijo).
    Claro, ya he escrito antes que me da la sensación de que conoce algo (poco o mucho) de Medicina, y su respuesta me lo confirma. Yo diría que más cerca de mucho que de poco.

    Lo del avión: recuerdo el caso, pues fue muy sonado. No miro en Google porque no sabría qué frase poner y porque además no hace falta, pero creo recordar, a pesar de mi flaca memoria para muchas cosas, que la cifra de fallecidos fue alta, en torno al centenar y medio. Lo interesante al respecto de lo que dice Vd. en su artículo es que yo soy uno de tantos que se quedaron con la copla de que el piloto sufría depresión, sin más explicaciones. No sé si fue por ignorancia mía, o por no seguir el caso paso a paso, pero así fue.
    Aprovecho, y tiene relación con éste y otros temas que le he leído, para decirle que me gusta su NOMECREOCASINADA. Importante el “CASI”. De lo contrario, no me gustaría.
    Como ya sabe que no creo en la felicidad, me conformo con desearle una fructífera jornada (amanece, que no es poco).

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s