La pederastia

3 comentarios

Los casos de pederastia que están emergiendo como setas en los últimos años, se están centrando, y así fue en muchas ocasiones, en prácticas deleznables llevadas a cabo por sacerdotes o religiosos con menores, en los centros religiosos católicos. Esta fue una realidad que no creo que nadie tenga la osadía de negar hoy por hoy. Además, cabe contextualizar que en aquellos años esos abusos eran silenciados no solo a menudo por las víctimas –por no tener la certeza de lo que ocurría o la imposibilidad de asimilar emocionalmente que alguien con un determinado carisma estaba ejerciendo esas atrocidades- sino por el peso y el poder que esas instituciones tenían en la sociedad.

No obstante, el objeto del presente post es denunciar todos esos abusos por parte de seglares, incluso en centros públicos, y fuera del entorno escolar. Recordemos que con catorce años se podía legalmente trabajar pero que el cumplimiento de esa exigencia jurídica era muy laxo y que por tanto muchos menores se incorporaron al mundo laboral donde también fueron objetos de abusos sexuales.

Hay por tanto mucha podredumbre bajo el velo de los años que no ha salido a la luz y nunca saldrá, y no tuvieron lugar únicamente en centros escolares religiosos. Una evidencia es que en un momento como el actual de una libertad sexual clara, siguen dándose esos sometimientos a niños que carecen de criterio para discernir lo que sucede.

Las consecuencias son claras, aunque  no universales,  porque cada sujeto es una constelación única, pero sí  mayoritarias: esas experiencias dejan el sedimento para que fructifiquen desestructuraciones de la personalidad que devienen harto difíciles de reconducir.

El silencio incrustado en la soledad, la desorientación respecto de lo que está sucediendo, la culpa cuando uno va dando forma y fondo a lo acontecido, el miedo a dañar a la propia familia, la vergüenza de haber consentido, el desprecio de haber sido cosificado,…todo ello acarrea un lastre del que uno nunca podrá desprenderse, aunque con fortuna podrá mitigar en su capacidad de reconstruirse.

Por ello, haría un llamamiento a que se desvelaran cuantos abusos se hayan producido por parte de profesores, jefes en el mundo laboral, en el seno de la familia o en personas próximas al entorno, que nos permitan tener una idea más ajustada de la realidad, sin que quede la falsa convicción de que la pederastia es patrimonio de los religiosos/as reprimidos.

Haríamos un favor a los menores que son susceptibles de convertirse en víctimas de esos abusos en entornos dispares y diversos.

No querría cerrar el post sin hacerme eco de quien no ve en las relaciones sexuales con menores, mientras sean consentidas, delito ni depravación –Simone de Beauvoir parece haberlas justificado en alguno de sus escritos[1]– Para quien suscribe este escueto artículo es inconcebible que se pueda aducir que un niño posee la capacidad de discernir tal consentimiento. Que se deje, no significa que consienta, sino que tiene pavor, que no sabe qué ocurre o que en determinadas culturas está admitido como algo normal –por ejemplo que haya hombres que se casen con niñas de ocho, diez,…años-

En síntesis, ampliemos la mirada, sin dejar de observar a la Iglesia católica por supuesto, porque estas agresiones contra la dignidad y la salud mental de muchos niños abarca espacios múltiples y parece que más ignorados.

[1] De esto existen hoy evidencias en múltiples artículos de periódicos y en escritos de la misma pensadora que pueden localizarse fácilmente en internet.

Plural: 3 comentarios en “La pederastia”

  1. ¡Vaya!, me ha cogido en casa (recuerde que no tengo sino ordenador fijo) y yo escribiría no un Comentario, ni un artículo, sino un ensayo sobre este tema que, por suerte o desgracia, conozco muy bien.
    Vivimos en un tiempo en que están aflorando multitud de asuntos que hasta ahora eran tabú. Se sabían, o al menos los conocíamos algunos, pero, oiga, ¡chitón! Quiero decir, por si en Catalunya no se emplea esa expresión, ¡silencio!
    El párroco de determinados años de Basauri era un depredador sexual. Habló conmigo alguna que otra vez y, permítaseme, de adolescente y joven yo estaba muy bueno (“follable”, como me dijo en una ocasión otro señor que más que me doblaba en edad; éste no tenía hábitos religiosos). No sufrí ninguna acción depredadora por parte del párroco citado (quizá captó que por mi significación podría haberle dado posteriores problemas), pero era “vox populi” entre varios amigos míos que abusaba de adolescentes masculinos.
    Sorprende que en una época aún represora de la sexualidad, estas personas pudieran actuar con la tranquilidad con que lo hacían.
    Bien, ahora se habla de esto, y del acoso escolar entre alumnos, de las humillaciones de las mujeres, etc, pero entonces no. De estos tres temas (y de otros que no incorporo por no extenderme) era yo, fíjese, consciente desde mis primeros pasos por la vida, abstracción hecha de la infancia.
    No quiero terminar sin aludir a su cita sobre BEAUVOIR: no conozco el tema, pero, y ya sabe que nos respetamos sin tener por ello que coincidir como clones, estoy más con ella que con Vd. Discúlpeme y retenga que hablo sin conocer el asunto. Añadiré esto: ¿fue la adorable y adorada hoy por muchísimas mujeres SAFO una pederasta? ¿Lo fue VERLAINE con RIMBAUD, o incluso ANTONIO MACHADO con su jovencísima esposa? (No tengo tiempo de consultar si era menor de edad o casi menor de edad cuando se casó con ella). Y, ¿fueron pedófilos TODOS los innumerables helenos y romanos de la Antigüedad que tenían sus efebos para instruirlos en el conocimiento de la vida?
    Con ocasión del artículo más desagradable que he escrito en mi vida, “Trata y galeras: ¡fuera la venda!”, aparte de tener que ver algunas fotos y algún vídeo horrible, tuve la suerte de, picoteando en Google ,encontrarme con una información de una mujer joven aún, que contaba que cuando era menor de edad mantuvo una relación con una adulta. Pues bien, la chica decía que recordaba todo aquello con cariño, que aquella mujer le enseñó muchas cosas que le sirvieron después para su desenvolvimiento en la vida. ¿También a esa adulta enaltecida tras años por su “víctima” hemos de considerarla pederasta? Respondo con un rotundo NO.
    Saludos cordiales

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    1. El término menor es “ambiguo”. No es lo mismo mantener sexo con alguien de once,doce o menos años que con alguien de 16 o 17 cuando esto es consentido.La cuestión es si el menor está en condiciones de consentir y si sabe ciertamente lo que consiente y lo desea. Lamujer de Machado era menor,Leonor y si no recuerdo mal tenía 14 años. En aquella época alguien con catorce años era considerada prácticamente una mujer, aunque desconozco la ilusión con la que ella se casó con un hombre que podía ser su padre. Eran prácticas habituales. Cierto es que en otros momento remotos de la historia eso se ha producido, y en determinados lugares se sigue produciendo con aparente normalidad -no sé si es el caso de las niñas quelo sufren- Tampoco conozco las posibilidades de los efebos, pero en Grecia el maestro lo era en un sentidomuy amplio, introducía en el arte de vivir y las relaciones amorosas eran parte casi de esa instucción. Yo no tengo criterio para saber hasta qué punto Beauvoir era pedófila, pero sí que reclamó la despenalización delapedofilia, cosa que meparece muy peligrosa porque como he dicho al principio el término menor es ambiguo -con seis años no puede haber consentimiento, con diecisiete sí- En cualquier caso y tal vez debería haberlo especificado, estoy hablando de abusos, es decir prácticas sexuales con niños que no sabenni lo que ocurre,o que silo saben se dejan pormiedo al abusador,….bien ciertamente se puede escribir unlibro….pero no lo haré yo.

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      1. Buenas tardes, Ana,
        Sí, efectivamente, no es lo mismo tener sexo con un niño de 6 años que con otro de 14 a 17 (o niña, da igual).
        Tampoco es igual hacerlo por perversión, relación de la que siempre saldrá maltrecho el menor, que incluir un poco de sexo o, más bien de sensualidad, en relaciones del tipo que cité de la Antigüedad grecorromana o de siglos más cercanos e incluso de hoy mismo. En este segundo caso creo que el menor (adolescente. claro, no niño), no sale maltrecho, al menos en la mayoría de los casos. Probablemente es a este tipo de relación a la que se refería la hoy reverenciada Beauvoir, pero ni Vd. ni yo lo sabemos.
        Bien, pienso que ha quedado bastante aclarado este incómodo tema sobre el que hemos mantenido estos largos comentarios.
        Saludos cordiales

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