Monos-sabios

No hay comentarios

Se suceden una serie de hechos que, incluso superpuestos, producen una percepción subjetiva de confabulación cósmica contra nuestra persona. “las malas rachas”, como vulgarmente se denominan, nos pueden llevar a la creencia en un fatalismo contra el que, obviamente, es imposible luchar. Tan solo cuando se detiene ese suceder persecutorio, respiramos, descansamos y esperamos que se nos haya concedido una tregua.

Este tipo de acontecer no es ajeno a la mayoría de los individuos, sino que puede resultarnos de una familiaridad espeluznante, porque nos remite a esas épocas fatídicas en que la famosa ley de Murphy se cumple como si de una rígida ley de la naturaleza fuese.

Ante esta experiencia, puede que nos cuestionemos el azar del suceder e iniciemos una andadura por relatos casi apocalípticos que darían cuenta de tanta desgracia sucedida al unísono.

Como bien sabemos, no conseguiremos hallar respuesta alguna certera más allá de hipótesis de arambre mítico-religioso o exotérico que puedan hacer comprensible un acontecer que parece regulado por una voluntad o intención nada azarosa.

Al margen de nuestra aprehensión de lo que gobierna el mundo o de si no hay motor alguno y todo es mera casualidad, debemos dar por contado que esa vorágine de fatalidades se seguirán produciendo en las vidas particulares porque, como ya decíamos anteriormente,  no es algo raro a la experiencia de la mayor parte de individuos.

Solo nos resta anclarnos fuertemente para no salir propulsados cuando la tormenta retorne, y aceptar que cómo muchas otras cosas se nos escapan entre los dedos sin poder explicarlas, si es que hubiere razón para ello.

Pero es cierto que los humanos ansiamos apropiarnos del control de todo cuanto nos envuelve; para alcanzar tranquilidad, espantar el miedo y no ser monigotes sujetos a arbitrariedades o caprichos externos, aunque parece que ni la era de la postverdad es útil para estos menesteres. Podemos falsear y presentar como veraz por conveniente aquello que responde al ejercicio de nuestra voluntad, pero no lo que nos excede, supera y hemos constatado que no depende en absoluto ni de nuestra destreza, nuestra ciencia y nuestra tecnología. Al fin y al cabo, parecemos monos que dominan territorialmente, trascendido este nuestra naturaleza de primates no es tan distinta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s