Cualquier parecido con la realidad es, por fortuna, pura coincidencia.

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Ayer leí en twitter, decaída y estupefacta, que la palabra “peripatéticos”, usada en la red por un profesor de Filosofía, era una copia extraída de la serie Merlí –esa que caló tan hondo entre los jóvenes  y muchos adultos- Por este motivo he creído oportuno recuperar un post escrito hace tiempo, que a su vez contiene otro publicado cuando se estrenó la serie. Sin más demora os los reproduzco:

 

Merlí, otra vez.  Setiembre de 2016

La televisión de Catalunya vuelve a desorientar a todo el personal con la continuación de la serie “Merlín”-el desencantador- Alguna vez he pensado que el objetivo oculto de la serie era evidenciar la inutilidad de la filosofía y la peligrosidad de los profesores como seres mentalmente inmaduros que bajo cuerpos de adultos reviven como en un eterno retorno su adolescencia. Vamos, como si estuvieran haciéndole el trabajo sucio a nuestro amigo Wert –a cambio de algún turbio favor- ya que después de visionar un capítulo como padres, profesores, educadores no hay mucho que decir. En realidad, como alumnos tampoco, aunque la serie despierte el entusiasmo de los adolescentes por demagógica e irreal. No me imagino, no obstante la bondad del alumnado ante el hecho de que sea un profesor el que robe un examen para dárselo a su hijo, y como refleja la fantástica ficción, los chicos aún le defiendan y le encubran. No sé de dónde han salido esos marcianos, porque en la mayoría de escuelas hubieran linchado al hijo y los padres luchado para que el profesor –con razón-fuese despedido.

No paso por alto la pretensión de transmitir la importancia de que las clases sean dinámicas y el profesor ejerza liderazgo y sea alguien cercano y de confianza de los alumnos. Pero las estrategias de Merlín son demagógicas, manipuladoras y por tanto no creo que eduquen a los alumnos en valores que contribuyan a crear una sociedad más justa, ni que vele al máximo por el bien común, que deberían ser a mi juicio prioridades de una democracia política-social y económica.

Adjunto a continuación el artículo que escribí con motivo del estreno de la serie.

Merlín: el antiprofesor de filosofía  8-10-2015

Dejarme hacer alguna reflexión sobre la serie que en las últimas semanas está emitiendo TV3 en Catalunya sobre un supuesto profesor modélico de filosofía que es capaz de motivar a los alumnos y que se entusiasmen por la materia. En primer lugar, querría decir que TVC es de las cadenas que más en cuenta tiene potenciar disciplinas como la filosofía, en un momento en que se la está expulsando del ámbito académico. Esto es de agradecer. Ahora bien, si la idea que propagan se encarna en Merlín no sé si nos hacen un favor o nos hunden definitivamente.

Cuando la cadena presentaba la serie hacían algún paralelismo con el Club de los poetas muertos. Creo que es un deber reconocer que no es ni una sombra desdibujada. La elegancia, naturalidad y buen hacer que desprendía Robín Williams como profesor de literatura, deja a Merlín como un cavernícola desorientado.

Me remito a algunas escenas de la serie para que se pueda visualizar lo que intento exponer. Merlín es un profesor sustituto de filosofía, dónde por casualidad su hijo cursa segundo de bachillerato. Así, es profesor de una clase en la que su hijo, Bruno, es alumno. Al suspender este un examen de literatura y reprocharle a Merlín que el motivo es la mala relación que él mantiene con el profesor de literatura, Merlín -viendo la ocasión no hace sino ceder a sus pasiones- roba el examen para dárselo a su hijo. Sí, el profesor de filosofía modélico roba en el instituto donde trabaja el examen a un compañero para dárselo a su hijo que es alumno. Cuando se extiende el rumor, obviamente los alumnos que tiene en clase lo defienden porque él no puede haber hecho eso, hasta el punto de que un alumno se declara culpable para que retiren sobre Merlín toda sospecha.

¿Qué tiene de modélico y educativo? Sí, acaso que dialoga con los alumnos, los activa con su propia pasión y usa la pizarra y la tiza, que para aprender no hace falta mucho más que un profesor con garra, ganas y conocimiento. Considero que es lo único salvable de la serie, porque una vez sale de la clase su vida es un despropósito, una inmadurez andando.

¿Qué pasará cuando los alumnos sepan quien robo verdaderamente el examen? ¿Y Bruno, su hijo, que sabe quién fue, qué educación recibe de su padre?

Podríamos hablar también de la frivolidad con la que aborda las relaciones con el sexo femenino. Su poca veracidad, su ambigüedad no lo hacen tampoco ejemplo de nada.

Alguien podría objetar diciendo que un profesor no tiene por qué ser un “santo”. Totalmente de acuerdo. Pero sí debe mantener una honradez y coherencia entre lo que intenta transmitir en el aula y su vida, porque si no, no hay educación, y menos de esa forma fascinante que nos quieren mostrar en la serie.

Educar es difícil cuando lo que queremos incrustar en sus almas ni lo creemos nosotros ni lo vivimos, cuando solo queremos transmitir lo que somos para que libremente sean, todo fluye con mucha más naturalidad.

Merlín es un pobre hombre que estudió Filosofía. Tiene dificultades para adaptarse a las normas y a las instituciones y en general al sistema social que parece pesarle. Pero ser filósofo no le ha ayudado a vivir mejor esas contrariedades, sino que de vez en cuando se las sacude como si fueran moscardones. Y se deja llevar, por lo agradable, lo placentero. Esto le permite volver a tomar aire. Es humano, demasiado humano. Pero no necesariamente apto para educar. En este país la educación es el cajón de sastre donde acaba todo el que no sirve para otra cosa. Debe llegar el momento en que seleccionemos a los docentes: aquellos con vocación y capacitación, porque a quien les confiamos es a nuestros hijos, no a nuestros gatos. Y, pido disculpas a los docentes pero yo me encuentro entre ellos.

Plural: 5 comentarios en “Cualquier parecido con la realidad es, por fortuna, pura coincidencia.”

  1. Estoy totalmente de acuerdo con este escrito, los profesores deben ser seriamente seleccionados por su vocación, sus valores….. No todos son aptos para ocupar el puesto de profesor, pues en sus manos dejamos nuestro más preciado tesoro, Nuestros hijos!!!!

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  2. Bravo!!!! Gracias por decirlo… quizás en breve se diga que los policías, médicos, periodistas…hasta amas de casa! cuando hablan o actuan imitan a personajes ficticios… mundo de locos… mundo sin formación… ( aunque existen excepciones, siempre hay esperanza 🙂 )

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  3. Completamente de acuerdo.
    No he visto la serie; vivo en otra comunidad. Pero, a juzgar por tus palabras, no tengo ganas de hacerlo.
    Mi padre es profesor de filosofía jubilado. Gracias a él he despertado un gran entusiasmo por esta disciplina -aunque no es la mía-. La filosofía es la base de la vida; es aprender a razonar y a ser crítico, sin plegarse a lo que diga la masa sin pensar. Por todo eso a los gobiernos no les interesa que se enseñe en los institutos.

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  4. La filosofía y ser docente suelen ser dos caminos vilipendiados por todos los que ven en la educación la transformación para ser humano…Se nace hombre/mujer, pero se hace humano…Por eso seguimos predicando en el desierto..Besos al vacío

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