El origen del Mal

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Los días se muestran porfiadamente sombríos como si de nocturnidades matizadas se tratase. Y en esa penumbra que rebosa de interrogantes inefables e irresolubles, bandeamos como títeres imprecisos en sus gestos que rastrean un algo al que aferrarse, acaso persuadidos de su necesaria presencia.

Mas, agotados de esa liza dual: la búsqueda de una ficción anhelada y la liberación de los hilos anudados a esas madejas imperativas, reaccionamos de forma iracunda y violenta contra todo cuanto nos roza la piel.

Así, nos mutamos en malos engendros que indiscriminadamente azotamos, vapuleamos y zurramos a cualquier otro –diferenciado de nuestro yo- que se erige como un amago sospechoso por el solo hecho de existir.

Dónde se ha originado la maldad: ¿En la naturaleza humana o causada por un entorno adverso y perverso?

Tomando como referencia a Schopenhauer –de talante agrio y esquivo-, cuyo realismo honesto le supuso ser tildado de pesimista recalcitrante y con el que muchos, viendo lo visto, podríamos coincidir, abordamos el primer supuesto –si es la misma naturaleza del hombre el origen del mal- sobre el que el autor afirma con convicción: “(…) Porque nuestra existencia a nada se parece tanto como a la consecuencia  de una falta y un deseo culpable (…)”[1] Y esta apreciación parece haber sido substraída de la experiencia, en cuanto la presencia del sufrimiento y el mal no pueden ser casualidades, sino esa Némesis que rechazamos racionalmente pero que se hace evidente en una observación atenta del mundo. ¿Cómo podría gestarse el peor de los mundos posibles –como ha intentado rebatir a Leibniz- si no fuese la resultante de una culpa o falta básica? Sea cual sea la explicación mítica que de ella demos.

En relación a la segunda posible causa –y estrechamente vinculada con la anterior-  el filósofo alemán no es menos contundente:

“A más de esto, los verdaderos sofismas con que Leibniz pretende demostrar que este mundo es el mejor de los posibles pueden ser contrastados con la prueba seria y real de que el mundo es el peor de los posibles. Entendemos por posible no todo aquello con que la fantasía puede soñar, sino lo que puede existir y subsistir realmente. Pero este mundo está construido de tal manera, que solo puede existir con gran trabajo, y si estuviera un poco peor organizado, no podría mantenerse. Por lo tanto, un mundo peor, como no podría subsistir, no es posible; luego este es el peor de los mundos posibles”[2]

Lo  que se propone Schopenhauer es insistir en que lo fenoménico no es más que la captación que la voluntad hace de ello. De esto, se sigue que si el humano por su voluntad de vivir, asume el dolor de la vida,  su objeto se verá anegado de este sufrimiento inherente a toda naturaleza viva.

Así, no podemos atribuir una causa u otra a la presencia del mal en el mundo, en la medida en que es la vida misma dolor. Si el hombre está movido por su voluntad de vivir, asume a la par la de sufrir y, en consecuencia todo lo externo a la voluntad, lo fenoménico acaba siendo mal, sufrimiento como representación de la misma voluntad.

Ahora, trascendiendo pero no ignorando el planteamiento schopenhaueriano, podríamos aventurar que si la vida para mantenerse debe superar infortunios y adversidades, vivir debe ser necesariamente sufrir ese dolor asestado por el esfuerzo de mantener la vida.  Sin esa fortaleza imprescindible de la voluntad la vida sería inexorablemente devorada.

En consecuencia no cabe indagar sobre el origen del mal, en cuanto este parece hallarse en el gesto inequívoco de todo ser por vivir, zafándose de lo que atenta contra su condición vital.  Esa tensión continua y persistente es irrevocablemente dolorosa.

[1] Schopenhauer, La sabiduría de la vida, Porrúa, México, 1984
[2] Schopenhauer, El Mundo como Voluntad y representación. Ed.Gredos

Plural: 2 comentarios en “El origen del Mal”

  1. Insisto en que admiro tu blog, tu forma de pensar, tu cultura y tu estilo literario. Creo que se puede aprender mucho de tu rincón.
    Lo que no me ha quedado claro es la noción de ‘mal’. Entiendo que se refiere a algo que perjudica a alguien; no a ‘mal’ en sentido moral, algo que sería subjetivo y arbitrario -No recuerdo en qué obra escribió Nietzsche que ‘no hay fenómenos morales, sino interpretaciones morales de los fenómenos’-.
    Disculpa la duda, amiga. Un saludo.

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  2. Hablo del Mal en un sentido abstracto, es decir como algo que se da en el mundo como tragedia, destrucción y que de por sí es pernicioso. No únicamente de la moralidad o no de una acción, sino de dónde surge esa maldad si de la naturaleza humana o del entorno….. No sé si te aclaro algo

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