Enmarañados y mermados

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Hay arañas que tejen su tela en cerebros mutilados. Su carencia de actividad neuronal es añeja y la laboriosidad paciente y constante de aquellas percute en esas zonas inertes. Sin sinapsis, ni transmisiones electroquímicas se inhiben emociones, razonamientos, ideas y los arácnidos se ceban como termitas ansiosas en el marasmo neuronal.  Este tipo de individuos son lo que podríamos denominar descerebrados, abundan, y su finalidad no es nunca la resolución de conflictos, sino la perpetuidad de estos para que se multipliquen las arañas hilando velos casi opacos. Es como si las escaramuzas estimularan y urgieran la creación de surcos por los que puedan abrirse paso algunos neurotransmisores, sin los que la actividad cerebral, que exceda lo vegetativo, se torna inviable.

Así, como masas compactas cuya naturaleza ha restado inhibida, un cerebro no es más que un órgano disfuncional, inútil y probablemente ocupa el cráneo de los que llevan al resto de seres con materia -esta vez sí, pensante- al descalabro, la destrucción y la actuación de gestos deshumanizados.

En un entorno cultural -y ya nada natural- la selección de individuos se rige por criterios distintos al darwinismo originario: ahora “el fuerte” parece ser el más egoísta y despiadado que se apropia del botín económico con más argucia y en menor tiempo que los que creen actuar por el bien del conjunto o el colectivo, que renuncian al beneficio propio, dilatan sus acciones para no perjudicar y acaban llegando tarde, o sea allí donde ya solo restan los despojos.

Esta transición que ha fulminado lo natural reconvirtiéndolo en cultura es un anticipo de lo que sigue vertiginosamente su tránsito de lo humano a lo trans-humano. Un período en el que nos vamos adentrando sin horizonte nítido, ni prioridades consensuadas; motivo por el que paradójicamente contra más creemos superar nuestra limitada humanidad más descerebrados somos, porque más nos distanciamos de esa capacidad moral que nos había distinguido del resto de animales. Aunque bien es cierto que observas conductas de canes tan desinteresadas y altruistas que empiezo a dudar si no hemos mutado ya de especie y esos animales domésticos nos dan lecciones de bondad en muchos momentos. Gracias a ellos algunas personas tienen quien los ayude, y aunque muchos están adiestrados, doy fe de que otros son capaces de captar y hacer espontáneamente cosas que nunca nos hubiéramos imaginado.

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