La indiferencia obliteradora

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Revisión de un texto breve publicado en setiembre de 2016

Si casi se deja de existir para los otros, entre indiferencias silenciosas, se es,  por supuesto, pero  apáticamente un alter ego. Se sostiene una identidad ubicada en el no-yo, amagando eso tan propio que los otros han ignorado como su alteridad y que exige, reclama por nuestra necesidad, ser mirada. Tras esta ruptura -entre el yo que éramos y el no-yo que somos- se padece melancolía y decaimiento, sin entender esa dinámica arbitraria que evoca y desconoce unas voces que resultan ajenas.

Así, se es la fortaleza de existir internamente por convicción, nunca la veleta que se agita por el azaroso capricho del viento inexplicable. Ya que quienes se hallan en ese vaivén nunca son plenamente ni lo genuino, ni su negación, angustiosamente adaptativa.

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