Marionetas vadeando en el abismo

Un comentario

Vivimos al borde de un abismo invisible, en el que una mano de la misma naturaleza va empujando, caprichosamente, a unos sí y a otros no. Esa arbitrariedad que arroja no es más que mera apariencia. Ser aventado hacia las profundidades del orco, o regateado y capeado, se subordina a las condiciones iniciales en las que nos hallábamos, previamente al azar de la expulsión.

Sabiendo que no hay propulsión arbitraria, nos percibimos sometidos y esclavizados por un sistema no estamental pero que, de facto, imprime una señal premonitoria a cada cual al nacer. Y esto, porque somos seres tan restaurados culturalmente -en relación con nuestra condición inicial biológica- que sustraernos del lugar asignado, necesario y esencial para que otros ocupen el contrapuesto, es un reto anhelado fervientemente, pero de ardua consecución.

No nos referimos a un determinismo social en su sentido fuerte, pero sí a un conjunto de circunstancias difíciles de salvar, que nos impelen por inercia a permanecer en el lugar otorgado.

Las revoluciones burguesas, que arrasaron con la sociedad estamental, estaban destinadas a liberar a la burguesía, no a los campesinos. Por ello, tomaron posiciones fácticas de poder que se han ido afianzando con el tiempo y cuyo contrapunto necesario es la existencia del obrero, del proletariado o, dicho en términos más realistas, de humanos cosificados que ocupen sus energías en sobrevivir. Porque como bien aseveró Schopenhauer solo los humanos más pudientes y bien estantes se aperciben de que al saborear y agotar los placeres que nos proporciona el mundo, la vida se convierte en mera existencia.

Pero, he aquí la arana:  afanados y angustiados, a tiempo completo, por garantizar su supervivencia, nos les resta espacio mental para ejercer su capacidad crítica y polemizar el estatus quo de los aventajados. El ocio, ese espacio que nos brinda la posibilidad de pensarnos, es un privilegio burgués.

En consecuencia, aunque las imágenes que observemos de familias precipitándose al abismo nos parezca una matanza descarnada, y por ello casi caprichosa, retengamos la perspectiva de que una nimiedad, de sucesos socioeconómicos pueden ser eventuales o casuales.

El mundo es una dialéctica tendenciosa en la que uno de los polos se impone inevitablemente, sesgando lo que constituiría propiamente una tensión de contrarios que daría, en términos heraclitianos, como resultado una situación de equilibrio y, por ende, de Justicia.

Unos somos títeres, otros tensan sin contrariedad los hilos, y la resultante es una tragedia que ni tan solo se muestra catártica.

Singular: 1 comentario en “Marionetas vadeando en el abismo”

  1. Bastante complejo. En el mundo occidental podemos afirmar que parte de la clase trabajadora acrítica con el sistema ha dejado de sobrevivir, a secas, para formar parte de esa clase pudiente (que no rica) que puede disfrutar de los placeres del mundo. Eso no es extrapolable al tercer mundo donde simplemente la supervivencia no está asegurada y ni mucho menos el derecho a trabajo digno. Esto me trae el recuerdo de la vieja polémica entre pensadores del siglo XIX y el debate entre: Filosofía de la miseria o Miseria de la filosofía. Esa dicotomía entre Marx y Proudhom queda hoy resuelta para quien quiera ver qué ideales han perdurado en la mayoría de nosotros.
    Más que una situación de equilibrio y justicia veo un componente de poder, de dominio. De ahí, como bien dices, que el resultado no puede ser otro que una tragedia. Ya solo nos faltaba la cárcel virtual donde estamos atrapados sin oponer resistencia, para… ¿saborear los placeres del mundo?

    Un abrazo

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