Extenuación

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Existo con la soledad hincada en el alma, en un fluir perpetuo entre olas agitadas que resguardo en mi desván interior. Me duele la carencia, el silencio de los otros que se torna indiferencia e ignorancia. Me exijo persistir, impostando una estabilidad que no altere un ápice a quienes se hallan en mi entorno. Mas, en ocasiones me urge recluirme y desaparecer de la vista ajena, esa que me desdeña cual cosa fútil y mínima. Distanciarme de mi propia conciencia y sentir que no soy; o eso procuro para mi resguardo, que se siente vapuleado de pesadillas hirientes y angustiantes. Y, cuando ni la pérdida de la propia condición me permite descanso, me percibo apaleada y vareada como si no hubiese posibilidad de detener el tiempo, para respirar no siendo, porque mientras soy me asfixia la propia existencia. Si no poseo el privilegio de inspirar y espirar profundamente en ningún estado de los mencionados ¿Qué me resta, si no contenerme a voluntad del ejercicio respiratorio sirviéndome de cualquier estrategia eficaz?  ¿Cobardía? ¿Debilidad? No, extenuación. Falta de hálito y de un sentido que me refuerce esa voluntad férrea de permanecer ¿No es este perturbador no-vivir una condena? ¿Merecida? Quien esté exento de merecer sufrir que tire la primera piedra contra mi pecho perforado. Si nadie actúa, si nos aplasta el silencio nuevamente, me sentiré legitimada más que nunca a decidir sobre hasta cuándo y cuánto puedo prolongar esta desidia.

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