Ante la pobreza, respuestas rápidas

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Hago un breve paréntesis en mi descanso para mediante el post que sigue daros a conocer o recordaros acciones que podemos llevar a cabo duarnte estas fiestas, y posteriormente, los que por fortuna sobrevivimos bien en esta crisis económica provocada por la pandemia del covid19. Aprovecho para desearos una entrada de año que no sea peor que la salida de este maldito 2020.

El futuro es ese por-venir de tonalidades grises. Decir que es un tiempo que se nos presenta en blanco sería, como mínimo, una ingenuidad pueril por nuestra parte, ya que nos hallamos altamente condicionados por lo pasado y por el presente, con lo que el abanico de lo posible se restringe.

Es cierto que, a pesar de ese grisáceo horizonte, podemos afrontarlo con diversas actitudes, aunque el contexto actual a nivel mundial no es propicio para la esperanza, ni la imaginación de un mundo mejor. A lo sumo, puede ser fantaseado como si fuese a realizarse el menos malo de los mundos posibles. Esta perspectiva, actualmente, ya contiene un cierto grado de optimismo ante el ciclón de acontecimientos que nos han asolado durante el año anterior.

Siempre podríamos recurrir al espíritu de Leibniz para que nos consolara con un cálculo matemático que, gracias a la perfección de Dios, perfilara ese mundo óptimo que nos cabe esperar. Aunque me temo que, ante el caos presente, sucediese que las matemáticas crujieran en ese esfuerzo calculador y Dios se ausentara, con la excusa de haberse confinado a causa del convi19.

Dicho de otra forma, no hay tal vez perspectiva halagüeña posible, excepto para el inspirado de Slavoj Žižek que vio al inicio de la pandemia las condiciones idóneas para el surgimiento de un nuevo comunismo, que mitigaría los males del capitalismo. Excepto honrosas excepciones, pues, no procede esperar más que una larga época de sacrificio, dolor, sufrimiento y consecuencias negativas para un sector amplísimo de la población mundial.

¿Qué podemos hacer ante semejante panorama? Heroicidades no. Tan solo algo que puede parecer simple y poco eficaz, pero que tejido persona a persona y barrio a barrio, puede contribuir a rescatar del infierno absoluto a los más vulnerables. Me refiero a despojarnos del egoísmo que nos llevaría al “sálvese quien pueda” y ser más generosos con los que más padecen este huracán económico, por causas sanitarias. Compasión y acción, por parte de los que vivimos más acomodadamente, superando el temor a compartir y después necesitarlo nosotros.

Esto, obviamente, no excusa al Estado de la responsabilidad de contribuir con acciones concretas a la recuperación de la economía y al apoyo de los excluidos por razones socioeconómicas. Pero, como ya hemos visto, la burocracia estatal y autonómica es como mínimo lenta, a menudo incompetente, y no responde con la premura que requieren las necesidades básicas de los ciudadanos. Por ello, las soluciones inmediatas que con más fluidez es capaz de organizar la sociedad civil -entidades, asociaciones que trabajan en el campo de la acción social- han sido desde la crisis del 2008 el consuelo para muchos y la satisfacción a tiempo de las urgencias sociales.

Evidentemente ante tal magnitud de desastre económico la intervención decisiva es la que puedan proporcionar los gobiernos; los ciudadanos debemos tal vez subsanar de manera inmediata aquello que la pesada y absurda burocracia de las administraciones públicas tarda meses en paliar o aliviar. Por ejemplo, la ciudadanía debe exigir la anulación de los desahucios que, en el primer periodo de estado de alarma parece que se detuvieron, pero que -curiosamente- en este segundo periodo, han sido necesarias acciones de ciudadanos sensibles y comprometidos para que el Estado “caiga en la cuenta” que urgía frenar nuevamente. También, la dispensación de alimentos gratuitos a través de la contribución de todos es otra acción que solo los ciudadanos pueden llevar a cabo con cierta agilidad.

¿Estoy justificando la inoperancia de los gobiernos? Ni de lejos. Solo hago un llamamiento al realismo, y evidencio que hay necesidades que están provocando mucho sufrimiento que o intentamos paliar los ciudadanos o cuando el Estado reaccione o han aumentado los atracos a supermercados o se han muerto de hambre, y no de covid19 esas personas ignoradas y a los que tanto se tarda en dar respuesta.

Para muestra un botón: La Fundación Canpredró, ubicada en el barrio de Sants de Barcelona ofrece menús para estas fiestas navideñas, cuyos beneficios se destinan al cuidado de familias en situación de vulnerabilidad, no solo proporcionando alimentos, si no acompañándolos y orientándolos en otros aspectos que resultan importantes para combatir su situación. Os pongo la página web, para los que queráis echarle un vistazo:

https:// http://www.canpedro.org/

Existen otras iniciativas, no solo en Barcelona, que seguro podéis encontrar en vuestros barrios y que son una fuente de ayuda inmediata y rápida para dar soluciones concretas a necesidades urgentes. Os animo a que las busquéis.

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