Apuntes sobre dos textos de Nietzsche.

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Friederich Nietzsche. Found in the collection of Thielska Galleriet, Stockholm. Artist Munch, Edvard (1863-1944). (Photo by Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images)

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

La invención del conocimiento constituye el momento más arrogante de la historia de occidente. El intelecto humano, al servicio de su autoconservación-voluntad de poder expresada también en este ámbito de la vida-, se ha creado la ilusión de dominar el mundo y ha extendido su producto, el conocimiento, como la expresión adecuada de la realidad. Pero esta pretensión olvida algo fundamental sobre la naturaleza del lenguaje. Para que su presunto logro de dominar el mundo por su conocimiento adecuado fuera posible seria necesario que los enunciados pudieran ser un reflejo en palabras de la realidad y esto es lo que una consideración critica del lenguaje no permite afirmar. Una palabra no es otra cosa que la reproducción articulada de un estimulo y ni tan solo podemos decir que el estimulo provenga de fuentes externas –resonancias de Hume- El lenguaje es una estructura compleja y arbitraria que no permite en absoluto entenderla como una fotografía de la realidad. ¿Cómo podríamos pretenderlo si consideramos la cantidad de lenguas existentes y las diferencias entre sí? Un lenguaje es un sistema clasificatorio y cada lengua ordena según unos principios determinados y diferentes. En ningún caso podemos pretender que la palabra nos dé “la cosa en sí” de un objeto, sino que tan solo designa una determinada relación de los humanos, de un grupo de humanos, con la realidad. Ciertamente no es lo mismo reflejar la realidad que manifestar la relación con ella. Esta relación se expresa mediante un proceso de metáforas: primero la estimulación nerviosa se metaforiza en imagen y después esta imagen deviene sonido articulado por un segundo movimiento metafórico. Una metáfora es un recurso lingüístico para dar significado a un significante. El significado exacto de las palabras no existe, sino que está en dependencia de la articulación de otros significantes por lo que las palabras van adquiriendo nuevos significados y acumulándolos.

Después del origen metafórico de la palabra analiza el concepto en tanto que éste tiene pretensión de universalidad. La tarea socrática de la búsqueda de la verdad estaba centrada en la investigación, a partir del diálogo, del concepto adecuado válido universalmente y que constituía su verdad. Cuando pretendemos que la palabra no sea sólo la expresión metafórica de una vivencia, sino que queremos que sirva para múltiples situaciones y exprese la esencia, formamos los conceptos como entidades universales. Así el concepto implica la igualación de lo que es desigual si consideramos que toda vivencia que ha dado origen a la palabra es siempre individual y particular. Así para Nietzsche la verdad es un ejercito de metáforas y metonimias, en resumen, un ejército de antropomorfismos. Si el lenguaje no expresa la realidad sino nuestra relación con ella, entonces la verdad es un antropomorfismo, un dar forma humana a la realidad. Las metáforas del lenguaje, los conceptos establecidos como canónicos con   el tiempo, y su uso prolongado y repetido, devienen elementos fijos. Esta es la gran ficción en que se basa la verdad y no es sino una ilusión en relación con la expresión de la realidad en sí misma. La verdad es ficción y por tanto una mentira de acuerdo con convenciones fijas.

El concepto es una pieza clave en la comprensión racional del mundo por su naturaleza abstracta, alejada de la originaria concreción de la expresión de la vivencia particular. Es por tanto a través de los conceptos abstractos que queremos reflejar el mundo objetivo y su orden. Esta es la pretensión de la ciencia que nos presenta un mundo ordenado a `partir de leyes universales que nosotros conoceríamos. De hecho, la ciencia moderna, se expresa en lenguaje matemático que es el que le da su estructura y ordena en relaciones fijas y universales los conceptos abstractos. Para Nietzsche esta ilusión de objetividad y realismo es un olvido inconsciente del sujeto por parte del propio ser humano. Queremos olvidar nuestra capacidad creadora y artística que ha ido forjando las metáforas de las que ha ido surgiendo el lenguaje con que pretendemos reflejar la realidad. No puede haber armonía entre objeto y sujeto porque son dos esferas heterogéneas. El lenguaje es creación artística, un comportamiento estético, no una actividad mecánica. Las leyes de la naturaleza no son un reflejo de la realidad, sino que constituyen un conjunto de relaciones entre ellas al cual el sujeto proporciona la forma numérica. Si la ciencia es por tanto también un producto de esta capacidad de metaforización y creación artística del hombre, del análisis del lenguaje nietzscheano se deriva una consecuencia clara: es necesario modificar la arrogancia inicial del hombre del conocimiento y su pretensión de haber llegado a la esencia de la realidad por la recuperación del espíritu creador sin garantía de objetividad, es decir sin ningún absoluto que haga de la verdad una propiedad de un enunciado porque refleja la realidad o nos da su esencia.

Genealogía de la moral -primera disertación-

Se inicia acusando a los psicólogos ingleses –entre los q podríamos encontrar a Hume- que han querido explicar el origen de nuestras ideas morales de no tener perspectiva histórica –de no hacer de hecho genealogía- y de sacrificar cualquier deseo humano de verdad. Estos psicólogos ponen en el origen de la moralidad las acciones no egoístas de los hombres que son denominadas buenas por los que de ellas se benefician. Es decir, que la denominación moral de “bueno”no procedería originariamente de los que han decidido las acciones sino de los que reciben algún provecho. Posteriormente, según ellos, se olvidaría este origen y aquellas acciones fueron tratadas como si fueran buenas en sí mismas. De esta manera se intentaría no reconocer la parte más vergonzosa del ser humano, aquella unida al propio provecho y a la costumbre sin más trascendencia. Pero para Nietzsche dispuesto a desvelar las raíces menos “inocentes” este no es el origen. Para ello recorre a la etimología. Bueno, así se ve en los textos primitivos griegos, era el nombre que los nobles y poderosos, los que tenían una posición superior, se daban a sí mismos y a sus acciones. Por el contrario, malo, es lo plebeyo, bajo y propio de los dominados. La primitiva creación de valores morales, parte de una posición de autoafirmación de los hombres superiores y no de ninguna acción desinteresada. Incluso podría decirse que se trata de la concesión del derecho de crear valores, y no de nada que tenga que ver con el provecho. Para Nietzsche encontramos así que la capacidad, el poder de dar nombres es una manifestación del poder de los que dominan, como una imposición de sus metáforas.

La teoría expuesta por los psicólogos ingleses no tiene mucho sentido porque ¿qué explica que se olvide que en el origen de los valores estaba el principio de utilidad? La utilidad es algo cotidiano y está presente en nuestras vidas. El estudio etimológico indica por su parte que “bueno” proviene de noble y distinguido como aquello que se considera psíquicamente noble. Esta teoría moral que quiere privilegiar lo que es útil forma parte del prejuicio democrático y del plebeyismo inglés. Y lo que realmente se olvida es que el noble se considera a sí mismo como alguien de categoría superior política y psíquicamente.

En la historia de los pueblos constatamos que la casta sacerdotal acaba ocupando un lugar preeminente y aparece una nueva contraposición entre “puro-impuro” de un lado y “bueno-malo” de otra. Si inicialmente puro está vinculado al que se asea y se abstiene de ciertas comidas, el primer par de contrarios se fue contraponiendo, relacionando por tanto como términos de connotación moral, al segundo par. Los sacerdotes comenzaron a oponer un nuevo valor de pureza en las dietas y la continencia sexual amparado en el rechazo de la espontaneidad de los sentidos de los primitivos nobles. Con esta nueva forma de valorar tenemos el origen del nihilismo o de la voluntad de saciarse de la nada. Ante el vigor vital de la aristocracia, los sacerdotes extienden su poder basado en el odio y el resentimiento nacidos de su impotencia. Se trata de un acto de venganza de lo espiritual consisten en transmutar, en invertir los valores primitivos de la nobleza de forma que ahora quien es bueno no es el noble feliz y despreocupado, sino el desgraciado, el débil, el humilde. Como consecuencia de esta inversión el noble antes bueno ahora deviene perverso. Los judíos, pueblo sacerdotal, iniciaron la rebelión de los esclavos que condujo a la moral de valores cristianos.

La rebelión de los esclavos da sus frutos a partir del momento en que el resentimiento deviene creador y genera nuevos valores. Los nuevos valores cristianos consisten en una negación de todo lo que les es extraño y externo. Su principio no es la acción, sino la reacción. Si bien el nuevo ideal de felicidad es la narcosis –estado de anestesia- , hay que reconocer que esta moral reactiva que tilda de perverso todo lo que no puede ser o poseer, desarrolla una notable inteligencia y sabe esperar, tal como corresponde al espíritu de venganza. Aquel que fue humilde tiene motivos para sentir temor por eso intenta con su ingenio liberarse de su condición de descastado. La fuerza de la debilidad actúa reactivamente y crea un universo fantasmagórico en que consisten sus ideales y esperanzas.

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