La virtud como una cualidad social -contra el individualismo inoperante-

SEREMOS TODOS, O NO SERÁ NINGUNO

5 comentarios

RETOMO LAS PUBLICACIONES Y LECTURAS DE POST DIARIAS. LOS POST AQUÍ COLGADOS PUEDEN SER EN OCASIONES REBLOGUEOS DE PUBLICACIONES PROPIAS EN OTROS BLOGS. AGRADEZCO A AQUELLOS QUE INTERMITENTEMENTE -COMO MI AUSENCIA- HABÉIS IDO SIGUIÉNDOME Y INICIAMOS UNA ETAPA ANTE LA QUE TENEMOS GRANDES RETOS.

Al cabo de años deambulando por este mundo —¿el mejor de los mundos posibles? Cuestiono tozudamente a Leibniz de forma reiterada— entre zarzas traicioneramente espinosas y planicies sin escarpas, no he aprendido aún a atribuir a cada persona qué rol y lugar ocupa y debe, necesariamente, ocupar en mi existencia. Tropezar dos veces y muchas más en la misma piedra continúa siendo mi mayor virtud.

Este hábito aristotélico, que en mí es una disfunción emocional, me arrastra espontáneamente al entusiasmo con los otros, a creer en ellos, y, posteriormente, descubrir machaconamente que la impostación es la virtud más extendida.

Siendo rigurosos, ni mi tendencia a dejarme embaucar constituye una virtud aristotélica, sino una falta de habilidad en el discernimiento, ni la máscara social, con la que los otros seducen para lograr sus propósitos, representa lo que el estagirita consideraba una virtud. En este último caso, sería posiblemente un vicio generado por esa disposición sensitiva desgajada de la razón y, en consecuencia, orientada por pasiones que se manifiestan sin orientación alguna.

Sea como sea, parece que lo fáctico no se conjuga felizmente con lo deseable o virtuoso. Así, y aunque el hábito haga la virtud, constato que, a veces, interiorizamos formas buenas de actuar que resultan terriblemente ingenuas en las sociedades actuales.

Cierto que Kant ya advirtió que la virtud no nos hace más felices, antes percibió que ser virtuoso nos lleva a padecer, y solo nos hace merecedores de una vida feliz.

Según lo expuesto, o bien soy una humana con carencias de discernimiento, o bien la acción espontánea hacia el otro que en mí es hábito y que podría, incluso en alguna medida, considerarse virtuosa constituye un anacronismo para la supervivencia mental que tal vez, y por esta razón, no sea para nada virtud.

Repensemos, pues, qué debe ser eso de la virtud actualmente. Partiendo de la noción griega, areté, es la excelencia en la realización del fin, o telos, propio de la naturaleza de cada ser. Esto, expresado, en otros términos, equivaldría a ser plenamente un perro de la forma más excelsa en que se puede ser perro. Trasladándonos al ser humano, ser virtuoso consiste en ser humano de la forma más eficaz y excelsa. Ahora bien, esta concepción que llevó a Aristóteles a determinar que el fin del ser humano es la felicidad, y, por ende, el individuo virtuoso es aquel que vive felizmente porque ha sabido dar con el equilibrio que le ha proporcionado ese estado, resulta simple e insuficiente para entender al humano hoy en una sociedad tan compleja y un mundo globalizado.

En primer lugar, porque la virtud es una cualidad del individuo y hoy en día es difícil pensar en un sujeto que no esté “sujetado” al mundo en el que vive y que, en consecuencia, no se vea embadurnado de la bajeza moral que el entramado socioeconómico y político nos tiende a todos como una telaraña. En segundo lugar, porque si este es el contexto tal vez ni la felicidad individual es posible para un humano hundido en el fango de la tragedia continua, ni la virtud sea una excelencia eficaz si no trasciende el ámbito del individuo -propio del liberalismo- para considerar la ineludible conexión y dependencia de unos con los otros.

En síntesis, quizás hoy la virtud no sea plena ni exclusiva del sujeto como individuo en sí, ni posible si no es a su vez una disposición conjunta de humanos concienciados de la necesidad de cooperar los unos con los otros.

Reproduzco un fragmento escrito, en su último ensayo, por Judith Butler que recomendaría a todos los que estén conmovidos por estas cuestiones, y no porque dé con la solución, sino porque nos proporciona una mirada distinta del problema que constituye mucho más de lo que, en apariencia, podría considerarse un simple matiz:

“Formular la igualdad sobre la base de las relaciones que definen nuestra duradera experiencia social, que nos definen como criaturas sociales, supone una reclamación social, no una reclamación colectiva a la sociedad, sino a lo social como marco dentro del cual se moldean y adquieren sentido nuestras concepciones de igualdad, libertad y justicia.(…) La igualdad es un aspecto de las relaciones sociales que depende para su articulación de una creciente y aceptada interdependencia, que permite salir del cuerpo como una “unidad” para entender los propios límites como predicamentos sociales y relaciones (…)”

Butler, J. La fuerza de la no violencia. Lo ético en lo político. Paidós Básica. Barcelona 2021.

Vemos la crucial incorporación de la noción de interdependencia como eje nuclear a partir de cual repensar la posibilidad de una ética política; lejos de las Virtudes Públicas de las que hablara hace años Victoria Camps[1], y sin embrago próxima al concepto del NosOtros que desde hace tiempo despliega el filósofo Ricardo Espinoza Lolas.[2]


[1] Camps, Victoria. Virtudes Públicas. Ed. Austral. Barcelona 1990

[2]https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/nosotros-capitalismo-pandemia

Plural: 5 comentarios en “La virtud como una cualidad social -contra el individualismo inoperante-”

  1. ¿No dirán que la virtud, por hermosa
    que sea, se vuelve sin embargo el peor partido que pueda tomarse, si resulta demasiado débil para luchar
    contra el vacío, y que, en un siglo totalmente corrompido, lo más seguro es actuar como los demás? Algo
    más instruidos, si se quiere, y abusando de las luces que han adquirido, ¿no dirán con el ángel Jesrad, de
    Zadig, que no hay mal que por bien no venga, y que pueden, a partir de ahí, entregarse al mal, ya que de
    hecho sólo es una de las maneras de producir el bien? ¿No añadirán que es indiferente al plan general que
    tal o cual sea preferentemente bueno o malo; que si el infortunio persigue a la virtud y la prosperidad
    acompaña al crimen, siendo ambas cosas iguales para los proyectos de la naturaleza, es infinitamente mejor
    tomar partido entre los malvados, que prosperan, ‘ que entre los virtuosos, que fracasan? Así pues, es
    importante prevenir esos peligrosos sofismas de una falsa filosofia; esencial demostrar que los ejemplos de
    virtud infortunada presentados a un alma corrompida, en la que permanecen sin embargo unos cuantos
    buenos principios, pueden devolver esta alma al bien con tanta seguridad como sicomo si se le hubiera mostrado en
    el camino de la virtud las palmas más brillantes y las más halagüeñas recompensas.

    “De la virtud” el príncipe Maquiavelo

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      1. No viene para destacar lo que usted, estimada, manifiesta como premisa; el carácter dicotómico en arista nueva en la retina de prisma personal que la destaca. Revista suya?

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      2. No. La entrada en la que has puesto que quieres participar es de una revista con la que colaboro. Por tanto, no entiendo si me estás diciendo que quieres colaborar en Polisemia, o en mi blog. Este último es petsonal y solo excepcionalmente publico escritos de otros autores. En la revista los mecanismos están establecidos. Entra en su web poniendo polisemia revista… En google… Te aparece en seguida. Proponen una palabra a partir de la cual se escribe un relato..

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      3. What a fantastic surprise… Me entusiasma el disparador… Veré si es posible mi postulación en carácter desinteresado en la participación cooperativa. Afectos.

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