La alianza terapéutica en la terapia psicoanalítica

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En la alianza terapéutica la transferencia adquiere una función primordial para desvelar la posición que el paciente asume en las relaciones, en especial aquellas que podríamos denominar relaciones de poder en las que el individuo se siente bajo en influjo de las expectativas del psicoanalista o, por el contrario, se rebela contra esa verticalidad y dominio en la relación.

Aunque la larga literatura psicoanalítica afirme que sin alianza no puedo haber propiamente tratamiento, la diversidad de aspecto que en unos momentos u otros adopte esta alianza no solo evidencia las relaciones dañinas que el paciente está transfiriendo, sino también las intervenciones por parte del terapeuta que pueden estimular determinadas experiencias traumáticas del individuo.

El equilibrio no es sencillo: se trata de que la transferencia fluya por la posición del paciente y que el terapeuta no interfiera en las experiencias que afloran en esa dinámica. Seguramente la sensibilidad del paciente a ciertas actitudes implícitas del terapeuta o inclusive a intervenciones desafortunadas pueden truncar temporalmente esa alianza, siendo necesario que puedan ser expresado lo que en esos episodios ha sucedido para que la voluntad colaboradora del terapeuta permita reestablecer la alianza con el yo del paciente y recuperar el punto anterior a la crisis terapéutica.

Es cierto que hay momentos más proclives a enmarañar una relación que había sido en términos generales reparadora para el paciente. Ahí, es clave que la habilidad del terapeuta sea ejercida al máximo para que el paciente pueda experimentar, con dolor probablemente, un proceso de recuperación que le permita tolerar el sufrimiento por el apoyo que percibe del terapeuta.

Tener muy presente la peculiaridad de cada paciente, su hipersensibilidad y el tipo de transferencia que puede estar experimentando es condición sine qua non para la recuperación, pero -y esto es fundamental- la función del terapeuta es de cooperación con el proceso intrapsíquico del paciente y, por ello, en cuanto este es tremendamente doloroso, en ocasiones, el terapeuta debe ser experimentado como ese sostén incondicional sin el cual muchos pacientes serían incapaces de afrontar determinadas situaciones que se hallan en la base de su malestar mental y sus comportamientos con los otros y, por ende, consigo mismo.

La alianza terapéutica es una gran responsabilidad que asume cualquier terapeuta, sobre todo porque es la parte de la díada que posee consciencia de los que en ese espacio terapéutico está teniendo lugar.

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