Metafísica o la necesidad de sentido versus la exigencia de la praxis.

Un comentario

REVISIÓN DE UN ARTÍCULO DE 2016

“No se podría experimentar el ser, como obviamente lo hemos experimentado, si el ser no estuviera oculto en los entes, el hombre y el mundo comprendidos. Esta calidad negativa del ser, el hecho de no ser una entidad en sí misma, es justamente la que crea el poder de manifestación en los entes. El ser oculto es el que da a la piedra su intenso “estado ahí”,(…) el que hace que nuestra existencia no se conciba separada de los otros.(…) La suma es tan patentemente más grande, “más presente”, que las partes; lo que está ahí frente a nosotros excede tanto lo que los ojos, manos y cerebro analítico perciben, que para aprehenderlo tenemos que pensar dialécticamente, tenemos que entender cómo lo negativo, lo oculto, lo “no-ahí” puede engendrar lo manifiesto y positivo”

George Steiner, Heidegger, FCE, Madrid 1989, págs. 140-141

La metafísica como ejercicio especulativo para aprehender lo que se nos niega es, sin duda, un reto estimulante para cualquiera que cultive la filosofía. No obstante, y al margen de este onanismo intelectual, puede cuestionarse el supino esfuerzo, empeño y dedicación merece. Si nos fijamos en el texto de Steiner, en el que intenta clarificar en qué sentido Heidegger establece un antes y un después en la metafísica occidental, constatamos que poco hemos avanzado desde que los griegos, y en concreto los dos referentes ineludibles que son Platón y Aristóteles, manejaron la distinción entre lo auténticamente real e inaccesible sensiblemente y lo aparente existente objeto de nuestros sentidos. Aunque Heidegger insista en que el ente –lo no oculto y perceptible- es el “estar ahí” por la manifestación del ser, y que esa notoriedad óntica, concreta y en proceso –reminiscencias claramente aristotélicas- no sería posible sin el ser, lo oculto que produce ese aparecer como ente, no hay, a criterio de diversos críticos, más que una perspectiva distinta del proceso epistemológico que, gracias a Descartes se desplaza al sujeto. El problema deja de ser exclusivamente ontológico para ser principalmente epistemológico, es decir, lo relevante se sitúa en cómo el sujeto de conocimiento “construye” el objeto de conocimiento que deja, por tanto de confluir con lo real. Este giro –copernicano de Kant- entiende el ente como lo que puede ser captado por  el sujeto, ese aparecer que a su vez se oculta para dar luminosidad a las cosas heideggeriano; lo real queda fuera del alcance del humano que no ceja en su empeño de elucubrar qué hay realmente, al margen de lo fenoménico.

Y aquí retomamos la cuestión que planteábamos anteriormente, a saber: ¿Tiene sentido pensar sobre lo que no puede ser pensado? ¿No sería más fructífero –y no hablo en un sentido estrictamente pragmático- discernir sobre aquello que podemos pensar, analizar y, por ende, modificar para la mejora de una existencia que es menos opaca, aunque sí controvertida, que las cuestiones puramente metafísicas? Es obvio que toda disquisición sobre las condiciones de posibilidad de lo existente no constituye más que un corpus axiomático del que también se sirve la ciencia; y que como tal no es contrastable desde nuestros estrechos límites cognoscitivos.

Si la Filosofía, y usaremos términos heideggerianos, no se desentiende de los entes y esa interrelación que les otorga ser la aparición de lo que realmente es, la actividad analítica y crítica se diluirá en elucubraciones sobre espectros imaginarios, y su desvinculación con la existencia humana hará de ella un ejercicio estéril.  O seamos más rigurosos, la Filosofía no puede única y principalmente ocuparse del ser.

Asumiendo la necesidad humana de la Metafísica, entendida como esas ideas reguladoras de la razón -volviendo a Kant-, cierto es que no podemos expulsarlas de nuestra mente, ya que nos proporcionan relatos que pueden otorgan sentido a la existencia. Aun así, deberíamos exigir a la Filosofía una interacción más decidida y contundente con los asuntos mundanos porque, aunque “no solo de pan vive el hombre”, sin “pan” poco nos resta.

En consecuencia, lejos de pretender negar lo innegable es decir la necesidad de trascendencia, intentamos discernir qué constituye hoy lo urgente -que en estos tiempos coincide con lo importante- no solo para la existencia humana sino para su subsistencia. Y esto porque la crisis climática, la pandemia y la supuesta amenaza de otras venideras, la globalización económica -que ha resultado ser una universalización más extrema de la brecha entre ricos y pobres-, el desarrollo científico-tecnológico y su uso, el capitalismo y las desigualdades e injusticias que se derivan, el acceso a la atención sanitaria, la falta de trabajo, la dificultad de acceso a la vivienda,…y una lista más extensa de males que aquejan a la humanidad constituyen un conjunto de despropósitos sobre los que Filosofía debe indagar y clarificar el subsuelo que subyace a todo. Elevando la conciencia de dónde estamos y en quiénes nos estamos convirtiendo, tal vez, sea aún posible revertir el curso de la autodestrucción de la especie.

Singular: 1 comentario en “Metafísica o la necesidad de sentido versus la exigencia de la praxis.”

  1. Veo que aun en tiempos actuales hay gente que quiere encontrar respuestas a preguntas que ya tienen milenios de antiguedad HOY la humanidad solo quiere sobrevivir Y no usa su tiempo en elucubraciones. sobre lo que pertenece a otro plano y queaun sis respuestas , se puede seguir vivo Son otros los motivos de ” angustia existencial”

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